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Hacia el Pacto Mundial sobre la Migración

OPINIÓN

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Para nadie es novedad que la Organización de las Naciones Unidas atiende una agenda enciclopédica y que no existe reto que no esté bajo su cartera. Hasta  la  yoga ha sido examinada por uno de sus órganos. Por ello, sorprende que uno de los fenómenos más añejos y transnacionales apenas comience a ser asunto de examen multidimensional y trabajos para negociar el Pacto Global para una Migración Segura, Ordenada y Regulada, que se adoptará en septiembre de 2018. Los casi 250 millones de migrantes en el mundo no han sido un tema del todo olvidado en la ONU. Por décadas, países como México han luchado por incorporarlo en la agenda para analizar todas sus aristas, sobre todo las vinculadas con la protección de los derechos humanos de los migrantes. Por ello es que nuestro país presentó la resolución sobre los derechos de los trabajadores migratorios y sus familias en la Asamblea General, que derivó en la Convención de 1990 con el mismo nombre. Salvo estas excepciones, los 17 años posteriores al fin de la Guerra Fríaatestiguaron la renuencia de los países del llamado “Norte Global”, —predominantemente receptores—, de llevar la migración a la mesa de examen en la ONU. El rechazo del mundo desarrollado contribuyó a la fragmentación del análisis fuera y dentro de las Naciones Unidas. Su vínculo ineludible con el desarrollo permitió que la migración comenzara a ser parte de la agenda y en 2006, el Diálogo de Alto Nivel sobre Migración y Desarrollo fue el primer gran acuerdo entre países expulsores y receptores, pero la agenda continuó acotada al vínculo con el desarrollo. Fue solo hasta que el Norte Global se vio involucrado en la llamada “crisis europea” de migrantes y refugiados causados por la guerra en Siria, conflictos en Afganistán y en el África subsahariana, que se reconoció formalmente el carácter transnacional de la migración. La presión de los desplazamientos forzados, la adopción de la Agenda 2030 y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, exigieron el análisis integral de la migración en el seno de la organización universal. Y es así que desde ayer y hasta mañana, por iniciativa de México, la gran mayoría de los Estados miembros de la ONU, sociedad civil y actores relevantes están en Puerto Vallarta para preparar la negociación hacia el Pacto Global. Será el primer marco normativo de principios, reglas y ejes mínimos indispensables para administrar la migración de manera integral. El reto no es menor pero bajo el liderazgo de México y Suiza –que cofacilitan el proceso—, la comunidad internacional forjará el primer gran consenso político de normas de conducta que permitan formular e instrumentar políticas para lograr una migración ordenada, legal, segura y respetuosa del derecho internacional y de los debidos procesos nacionales. La lista de principios y prácticas que puede incluir el Pacto es interminable pero hay algunos básicos en los que no hay consenso y por tanto se vuelven apremiantes, entre ellos: a) reconocer que la gestión de la migración es una responsabilidad compartida. Ningún país puede solo; b) consolidar la visión positiva de la migración reconociendo la plétora de contribuciones para todos; c) reconocer que existe una demanda y oferta laboral mundial que requieren movilidad. Los países que desconocen su dependencia de los trabajadores migrantes incentivan los flujos de  indocumentados; d) ampliar el acceso a la protección y asistencia consulares en tránsito a partir, por ejemplo, de la creación de una red de centros de asistencia consular en las principales rutas migratorias de tránsito; e) elaborar un catálogo de crímenes y violaciones del derecho internacional, del derecho internacional de los derechos humanos, de los refugiados y humanitario que son perpetrados a los migrantes para que cada país lo sancione sin impunidad y de conformidad con sus legislaciones nacionales y, f) dotar a los migrantes de un documento de identidad jurídica universalmente reconocido. La lista es sempiterna y por ello, el Pacto tendría que incluir una suerte de gen evolutivo que le permita adaptarse a un fenómeno tan dinámico como la migración. Y en este momento único, Estados Unidos anunció el viernes pasado su retirada del proceso. Las razones esgrimidas son un sinsentido y se fincan en acepciones trasnochadas de la soberanía. Nadie pretende administrar sus fronteras. Y es que frente al lienzo en blanco que ofrece el inicio de una negociación como ésta, la soberanía se ejerce plenamente al participar en el diseño y la construcción de principios y normas internacionales como las que incorporará el Pacto. En el juego de las sillas, uno de los principales actores de la migración mundial deja la suya, rechaza el multilateralismo una vez más y abre el espacio para que el vacío lo llenen otros ávidos de ejercer liderazgo con creatividad y responsabilidad.   Columna anterior: Mugabe: el fin de una era