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En la tumba los delanteros mexicanos

OPINIÓN

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De la última vez que el campeón de goleo del futbol mexicano fue un jugador mexicano han pasado más de seis años. Ángel Reyna, en el Clausura 2011, lo hizo. ¿Por qué viene a cuento? Porque el campeón de la Liga MX en este Torneo es uno de los clubes con mayor número de futbolistas extranjeros.

Más allá de que Tigres y Rayados puedan presumir que gozan de extraordinaria salud financiera y que, además, entre sus jugadores se cuentan los máximos anotadores del Torneo Apertura 2017 (Avilés Hurtado, 14; Enner Valencia y Rogelio Funes Mori, 12) lo que debemos observar es el daño al jugador mexicano, al producto hecho en México que, simplemente, no figura.

Fue muy dramático ver a un jugador de la clase y el nivel de Oribe Peralta irse en blanco en 360 minutos en la Liguilla. No pudo aportar goles al América que quedó eliminado sin marcar un solo tanto. El ayuno de goles de mexicanos es consecuencia de que los delanteros han sido borrados. Los clubes han hecho costumbre importar a los responsable de anotar. Y eso, indiscutiblemente ha mermado a los delanteros nacionales.

La final del Apertura 2017 no debe ser motivo de fiesta en el futbol mexicano. Los aficionados regiomontanos están disfrutando enormemente ver un partido inédito en una final, ver que el Clásico Regio ha prendido incluso a nivel nacional, que hay un interés en el país por conocer al nuevo campeón de México.

Eso es un éxito a nivel de clubes, es un triunfo de la mercadotécnica, incluso diría del buen futbol que han desplegado ambos equipos. Qué bueno que los dos clubes que más puntos sumaron en el torneo regular sean quienes disputen el título. Pero todo eso es a costado del futbolista mexicano.

Hay que entender que los torneos cortos vinieron a meterle más presión a los entrenadores.  Los técnicos se juegan el puesto si hilan tres derrotas. Eso se traduce en que tienen que ser más efectivos, es decir, sumar puntos. Y si alinear extranjeros o naturalizados mexicanos les garantiza conserva el trabajo, lo van a seguir haciendo. No tienen ningún incentivo para alinear a los mexicanos.

Los Pumas han pagado ese precio. Apostaron por debutar a sus canteranos. La realidad se les para de frente: a nadie le importa que debute jugadores hechos en casa si no anotan, si no son efectivos, si no ayudan a que el equipo gane. Entonces nos movemos en un círculo vicioso: delanteros mexicanos a los que no se les tiene paciencia o con quienes nadie se quiere jugar el puesto y extranjeros que anotan los nueve, diez, once golecitos (ni siquiera uno por partido en promedio) a quienes, además, hay que pagarles muy bien, son los ídolos del futbol mexicano. No le escatimo nada a Enner Valencia, ni a Avilés Hurtado, tampoco a Funes Mori (con todo y sus yerros notables), en sus goles descansa el éxito de Tigres y Rayados, pero en detrimento de nuestros jugadores.

El propio Juan Carlos Osorio pidió que sean los mexicanos quienes ocupen, aunque sea paulatinamente, las posiciones de adelante para que él mismo –o cualquier otro seleccionador nacional- tengan más de donde escoger.

Diacrítico.  Con el nuevo campeón de futbol mexicano se festeja el éxito de las empresas neoleonesas, pero nos paramos frente a la tumba del delantero nacional.   Columna anterior:Osorio que rece y la selección que juegue