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Incertidumbre

OPINIÓN

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Como es habitual en el Gran Circo, el cruce de declaraciones no se ha hecho esperar en cuanto se dieron a conocer las primeras noticias de los planes de Liberty Media para los próximos años. La empresa estadounidense dueña del negocio está proyectando diversos cambios que han levantado una gran polvareda. Llegó el momento de que el engranaje de intereses comience a moverse en distintas direcciones, ya que por ahora no se sabe qué pasará con la Fórmula 1 a mediano plazo, así que se abre un nervioso paréntesis de incertidumbre que se va a extender a lo largo de las semanas. La mente de los directivos y sus ingenieros está centra- da en 2018, pero más aún en saber cuál será su estrategia en los años siguientes, una vez que concluya el Pacto de la Concordia, y que Chase Carey no ha tenido empacho en calificar de infame. Liberty Media pretende potenciar la igualdad a través de un esquema de reducción de presupuestos, así como la estandarización de determinadas piezas de los coches, con la finalidad de que todas las escuderías compitan en condiciones similares. Porque resulta evidente que los elevados presupuestos de los tres equipos punteros -Mercedes Benz, Ferrari y Red Bull- han establecido una marcada diferencia entre los que le siguen, y ni se diga del resto que se mantiene al fondo y sin posibilidades de aspirar a un podio ni en sueños. La directriz marcada por Carey, desde que llegó como jefe máximo de Liberty Media, es que el espectáculo crezca; que la competencia aumente; que los pilotos se acerquen a la gente, y que la Fórmula 1 experimente una transformación capaz de no entorpecer el desarrollo tecnológico que siempre ha significado para el automovilismo, no obstante que hoy en día la tendencia sea la utilización de energías limpias, lo que se traduce en una encrucijada que aumenta su complejidad. La inconformidad y las presiones comienzan a sentirse, sobre todo de parte de Ferrari, el equipo más influyente dentro del negocio, a través de una marca que atesora una enorme tradición que está incrustada como ninguna otra en la esencia de esta categoría. Desde luego que a los equipos dominantes no les agrada la idea de tener un tope presupuestario, ni mucho menos a un auditor supervisando sus gastos. Prefieren mantener la mentalidad que impuso Bernie Ecclestone: el que tenga dinero que juegue y el que no, que se abstenga de sentarse a la mesa. Sin embargo, es aquí donde Liberty Media tendrá que demostrar su inteligencia para conciliar intereses. Y aunque desde afuera parece un galimatías de difícil solución, de la buena disposición de todos dependerá que este de- porte tenga un rumbo definido.   Columna anterior: Reflexiones