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Vidal Llerenas: El falso mito de que vamos bien, que lo que falta es paciencia

OPINIÓN

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Recientemente se desliza, por parte del gobierno, la idea de que las reformas económicas del país bien valen la pena para elegir a otro gobierno del PRI. En esa lógica, lo que al país le conviene es pasar por alto las faltas de la actual administración, que, en todo caso, podrían ser corregidas, para mantener la estabilidad financiera y dar tiempo a que las reformas se traduzcan en crecimiento. La disputa entre el PRI y el PAN con sus partidos aliados es por encabezar la continuidad de un proyecto que supuestamente busca modernizar el país, pero que no atina en detonar crecimiento, que profundiza la distribución del ingreso y busca, sin éxito, mejorar la seguridad con un modelo de militarización y sin políticas preventivas. Buscan conservar algo que no funciona, y es la causa de la profunda desesperanza que vive la sociedad mexicana. Se trata de un sistema de gobierno que ha incorporado la corrupción como la manera natural de hacer política pública. El caso de Odebrecht, con contratos en la administración del PRI y del PAN, muestra cómo las políticas de apertura privada en la petroquímica sirvieron, como formas de financiamiento político. El miedo porque la investigación de la empresa brasileña, con casos de corrupción confesa en México y el resto de América Latina, llegue al PRI y a la elección de 2018, es de tal tamaño que se está dispuesto a sacrificar a las propias instituciones electorales. El proyecto de país que se nos pide conservar, es uno en el que las elecciones se pueden comprar con dinero, la autoridad es ausente y la justicia electoral se manipula. El gobierno puede fácilmente influir en la opinión pública, ya que tiene un cheque de 9 mmdp anuales que puede utilizar en publicidad en medios, con absoluta discrecionalidad. La economía vive en permanente estancamiento. Se vive la zozobra de que Estados Unidos decida concluir el TLCAN, porque ni la economía, ni el comercio se diversificó. Aún con el tratado, la mayoría de los sectores y regiones geográficas están excluidas del desarrollo, porque no se generaron o conservaron industrias basadas en el mercado interno o con ventajas comparativas generadas para poder competir. La política social apenas si sirve para con- tener la pobreza, cuando la desigualdad crece. No hemos avanzado en ampliar la cobertura ni de los servicios de salud, ni los de educación superior. Todo eso explica el deterioro en la relación entre el gobierno y la sociedad, ninguna expectativa importante de la población se ha concretado en los últimos años. Lo que requiere el país es un cambio en la idea misma de cómo entendemos al gobierno y lo que tiene que garantizar a la sociedad para poder ejercer sus derechos. Continuar con las mismas políticas y formas de gobierno es el riesgo más grave que enfrenta la sociedad mexicana.   *DIPUTADO FEDERAL DE LA CDMX POR MORENA