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La última carta de Peña

OPINIÓN

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Para que el legado de las reformas no sea desmantelado en el próximo sexenio, el Presidente Peña se decantó por José Antonio Meade. Un no priista que huele a PRI, pero que intentará diferenciarse de la marca. Un hombre que nunca ha competido por un cargo de elección, pero que concita apoyos de sectores muy distintos. El candidato que tendrá que pagar por todos los platos rotos de esta administración. Sin hacer caso a voces que le pedían no inmiscuirse en el proceso de sucesión, Peña se metió hasta la cocina. No se guardaron las formas. Con el banderazo presidencial, se pone en marcha toda una estrategia para hacer ganador al ahora exsecretario de Hacienda, ya que todas las mediciones hechas hasta ayer colocan a Meade en un nivel bajo de conocimiento. Aunque, como alguna vez dijo el presidente, en campaña las cosas son distintas. Aún es prematuro medir el impacto de la entrada en el juego y Andrés Manuel López Obrador lleva 18 años haciendo proselitismo. Será muy importante ver el desempeño de la opción priista en las encuestas, toda vez que nada parece indicar que aparezca en la boleta algún personaje que se convierta en factor disruptivo. Hay un influyente sector de poder económico que ve en Meade a una mejor opción que AMLO y esa circunstancia puede influir mucho. La realidad, es que con todas las credenciales, con todo el apoyo del establishment, con toda la imagen no partidista que se le pueda crear (incluso sin usar las siglas PRI o presentarlo como “Pepe Toño” para no entrar en problemas con la pronunciación del apellido), Meade enfrenta el mayor descrédito que el priismo ha vivido, incluso mayor al que lo llevó a perder la presidencia en el 2000. Una gran parte de los electores ya lo ha hecho saber en las urnas. Pero el PRI cuenta todavía con una importante base de militantes y sobre todo, sigue siendo el partido en el poder, con todo el control del presupuesto federal y una capacidad de movilización única. Si, como todo parece indicar, el frente opositor queda fragmentado, ocurrirá un escenario estilo Estado de México con los resultados que todos conocemos. Al día de hoy, Meade no es una opción, pero quedan 7 meses por delante. Peña Nieto está jugando su última carta y su única apuesta es ganar. No hizo caso de elegir a un priista “muy priista”. Confiado en lo que pasó en su tierra natal, apostará a la fragmentación del voto. Veremos si le resulta. Su legado está en juego. Nada más, nada menos. CONTRASEÑA: Por ser la “semana del candidato” se pospusieron otros movimientos en el gabinete presidencial y se neutralizaron a varios personajes. Es muy previsible que Aurelio Nuño deje la Secretaría de Educación para integrarse a la campaña de Meade. Las entrevistas del líder nacional del PRI se han reducido y hasta Ivonne Ortega ha optado por el silencio. REGISTRO: A partir de ahora no hay que perder de vista a Miguel Angel Osorio Chong.   Columna anterior: Mes y medio en zozobra