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¡Examen aprobado!

OPINIÓN

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Y se cumplió la profecía... la que por tantos años estuve anhelando con la esperanza de que se realizará y con ella, todo adquiriera sentido. Contar parte de mi historia y que sirviera para algo, hacer reír con aquellas peripecias que en el momento eran dificultades, lograr captar la atención para abrir mi corazón a confesiones personales que apenas empiezo a digerir y si me iba muy bien y el mundo me quería hacer un enorme regalo: que esto le sirviera a alguien. La semana pasada escribí mi anécdota sobre la monja que se equivocó en su predicción sobre mi futuro, el resultado fue magnífico, tuve la sensación de haber conectado de manera muy real con los lectores, todos nos hemos sentido así; como bichos pequeñitos ante la negativa de un ser todo poderoso. A pesar de que mi plática en Campeche se trataba de no sentirse así, me temblaban las piernas, soy muy buena para escribir los nos a los que me he sobrepuesto, pero, ¿qué tal reacciono a los sís? Ésa es una hazaña completamente diferente porque trae consigo la enseñanza más profunda: la del agradecimiento y ante esto, sólo la lección de que hay que estar muy atentos para aguantar los golpes, pero mucho más para recibir las palmadas porque están hechas para ser compartidas. Narré un poco de qué es lo que he hecho, burlándome bastante de mí como es mi costumbre para después contar mi historia y descubrir que es precisamente eso lo que soy, no lo que hago, ni los logros, lo que he sentido en lo más profundo de mi ser, lo que me ha llevado a la raíz de donde vengo... tremendo viaje. Mientras uno de los estudiantes de la conferencia me preguntaba ¿cómo ser valiente? Yo solamente pensaba que estar ahí rodeada de estas personas que estaban receptivas a mi historia, era probablemente uno de los sueños más grandes que pude tener. Me recordaban a mí, se parecían tanto y podíamos juntos reír y enseriarnos con lo mismo, con esta sencilla pero créanme muy personal tesis que logré llevarles, con la recopilación de recuerdos que sólo sirven si los comparto, que sólo viven si los escuchan, que palpitan en estas líneas mientras tus ojos se pasean por ellas y si tengo muchísima suerte logremos coincidir, como por arte de magia en una idea, en un caminar que compartimos y nos hace hermanos de esta línea de tiempo y espacio, de este andar en el que agradezco cada día haberme puesto cómplices enfermos de la misma locura que yo tengo, la de buscar, la de reír, la de emprender todas las aventuras hacia afuera porque sabemos que en ellas nos tocamos el corazón y ahí todos somos tan parecidos que nos podemos encontrar a nosotros mismos. Gracias Campeche por dejarme contar mi historia y gracias a cada persona que me sigue porque se han vuelto hermanos de viaje y, sin saberlo, han cumplido mi sueño más arrojado, el de avanzar en compañía. Y por cierto... no tengo idea de qué sea la valentía, pero sé que para acercarse, hay que ser muy sinceros con nosotros mismos, hay que echarse un clavado en el alma a parajes solitarios que duelen, pero en los que si buscas bien podrás encontrar un par de alas gigantes que en el momento desconocerás, pero que por derecho y por origen te pertenecen.