Haz tu denuncia aquí

Para salir de la frustración

OPINIÓN

·
En la polarización, cada desencuentro se vive como un agravio de primer orden, cada solución que no es la propia como una muestra más de intransigencia, cada avance de un argumento ajeno es motivo de angustia profunda, y cada persona que no nos respalda empieza a parecernos punto menos que un traidor. La que vivimos ahora no es deleznable ni injustificada. Se nutre muchas veces de episodios genuinos de injuria o abuso, pero también de una frustración más elemental y por ahora creciente. Frustración de quienes quisieran que el otro fuese más transparente en sus intenciones, más profesional en sus métodos, menos abusivo en su uso del poder, y más dispuesto a aceptar nuestras razones en la discusión y el acuerdo. Parte del problema es que no se entiende bien aún la democracia. Se supone que es el reino de la razón hecha gobierno. Nada más falso. Lo es tan solo de la posibilidad de la derrota y el cambio, y de la defensa de los derechos elementales. No es poca cosa, y eso es lo que importa entender. La democracia nos ofrece, contra la frustración que genera estar del lado vencido, contra el abuso del poderoso y la insensatez del adversario, la incomparable oportunidad de derrotarlo. Y ahí su extraordinaria potencia. La otra parte del problema es que, si acaso se entiende que en democracia no gana quien tiene razón, menos aún la pluralidad de formas de vencer al poderoso. Para ello, decía William Riker, padre de la ciencia política contemporánea, que “se requiere una creatividad artística del orden más elevado para inventar precisamente el tipo correcto de nueva alternativa”. Y creo que ahí es donde más adolece nuestra democracia actual. Sesudos análisis sobre la pertinencia de decenas de reformas pendientes, o sobre su implementación, suelen carecer precisamente de esa creatividad “herestética” como la bautizó Riker. Quien tiene talento herestético se imagina nuevas jugadas, suma nuevos aliados o divide a las coaliciones existentes, cambia la dimensión del debate, construye nuevas narrativas, crea nuevas agendas. Ejemplos como el famoso mando único policial, la ley de seguridad interior, la reforma a las fiscalías, todos de urgente resolución en beneficio de la ciudadanía, son espacios donde el encono, los actores y los argumentos se mantienen, y como se atisba el triunfo de alguna mayoría, la frustración se incrementa. Pero también sabemos que los equilibrios en política pueden ser profundamente inestables, por lo que en cada una de estas discusiones quizá es pertinente para todos buscar una nueva forma de abordarlos. Eso puede ayudar a prevenir la frustración. La capacidad creativa, emprendedora, herestética de aquellos que, sin perder la sustancia, busquen una forma de derrotar al equilibrio actual. En suma, es indispensable la innovación que cambie, incluso, la conceptualización de lo que se busca y lo que está en juego. Talento para ello existe. La alternativa es profundamente indeseable. Se puede.