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María Alatriste Carrillo: Nacer Mujer

OPINIÓN

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Nacer mujer en un país donde todavía es insuficiente el análisis para encontrar soluciones a los problemas que causan el machismo y la violencia hacia la mujer, es complejo. Nacer mujer en un país donde en cualquier momento existe la posibilidad de encontrarte con un feminicida, es un acto de fe, como el jugar constantemente a la ruleta rusa y no saber cuándo te puede tocar a ti o alguna de las tuyas. Hombres y mujeres, en realidad, vivimos llenos de tantos estereotipos alrededor del concepto de ser mujer y hombre, construyendo una sociedad en una espiral de prejuicios. Nacer mujer puede ser injusto, tanto como nacer hombre en un círculo familiar donde las cosas están catalogadas inflexiblemente. Donde los sueños se tienen que definir como un destino preciso por tu condición biológica. Ser mujer es una etiqueta cruel cuando se buscan cosas distintas del estereotipo creado por la sociedad. Cuando una mujer desafía su propio rol de género, existen muchas especulaciones de por medio, críticas y juicios crueles. Puede sonar exagerado, pero hasta las hacemos víctimas propiciatorias. ¿Acaso no somos así de severas y severos con mujeres que están desafiando su propio rol? En este mes que tiene el día de la no violencia hacia la mujer, culpemos a la falta de análisis de la causalidad que hace que actualmente existan los feminicidios, la violencia, las agresiones de cualquier tipo. Por muy mínimas que sean. Estas causalidades también provienen de lo más simple. De esas frases que no sólo entre hombres, sino entre propias mujeres nos hemos pronunciado por ver a alguien demasiado prominente, astuta, varonil, original o por lo menos distinta al rol inculcado en el contexto. Analicemos la falta de capacidad de la agenda pública debido a nuestras exigencias morales de implementar acciones realmente evaluadas y ajustadas de acuerdo a cada contexto; seamos agentes de cambio para exigir que se dejen de implementar recetas de políticas públicas que no tienen vigencia y por el contrario generen un verdadero legado indeleble. Atendamos esas causalidades que aún no queremos ver, muchas veces por nuestra doble moral. Esa violencia comienza de una pequeña palabra que atente con una mujer que está haciendo las cosas distintas. Esa violencia está mucho más allá de los atroces feminicidios. Está en nuestros propios hogares, está en acciones contra la mujer por juzgarla por su vestimenta, estilo de vida, la forma en la que habla. Esa mujer que decide estar en casa, cuidar a su hijos y aun así, no ser valorada por esa labor tan pesada, esa mujer que se enfrenta a dobles jornadas en su hogar y lugar de trabajo, que por muy fuerte que sea siempre se pregunta. ¿Qué estoy haciendo mal? La violencia empieza desde esa causalidad aún no exhaustivamente analizada, donde mujeres y hombres somos responsables. Y mientras el Estado encuentra capacidad de comprenderla, es nuestra responsabilidad detectar cada falla, con un reseteo de los pensamientos, iniciando con la configuración de tener respeto sin importar que no compartamos las mismas visiones. Comprender que todas y todos podemos ser capaces de evolucionar de tantos prejuicios, así como arrastres que ya no tienen cabida en nuestra sociedad.   *Investigadora de la Universidad Pontificia de Madrid