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El despertar de las mujeres

Lo que pasa hoy en Estados Unidos en torno a los abusos sexuales, es una señal de lo que viene. Quizá no mañana ni pasado. Pero en pocos años

OPINIÓN

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Las denuncias sobre hostigamiento sexual son el eje actual de la política estadounidense. No porque alguien lo encuentra conveniente ni porque sea algo de lo que sus protagonistas puedan sentirse orgullosos. Es en alguna medida parte del despertar gradual de uno de los más importantes grupos sociales en Estados Unidos y el mundo. Las mujeres. No es que sea fácil para ninguna de las partes. Por miles de años, la cultura y las actitudes sociales han estado dominadas por formulaciones que plantean al sexo masculino como el fuerte, el dominante. Esa actitud se refleja de mil y un maneras en la vida diaria. Ahora la cultura y las actitudes sociales comienzan a revalorar a las mujeres. No con gusto, a regañadientes sin duda. Pero comienza: las mujeres son una parte cada vez más importante de la economía, encabezan cada vez más familias, comienzan a ejercer una influencia abierta en la sociedad y no sólo en el papel de manipulación que les atribuye la cultura popular. Y en ese marco, las denuncias sobre hostigamiento sexual tienen una función: comenzar a alterar los papeles en la relación de dependencia. El espectáculo es complicado. Las denuncias abarcan lo mismo el más brutal abuso de poder, como por ejemplo el caso del poderoso productor cinematográfico Harvey Weinstein o el médico del equipo de gimnasia olímpica femenil estadounidense, Larry Nassar, que las habladurías del presuntuoso empresario-ahora-presidente Donald Trump y al más tonto pero insensible "chiste" de Al Franken, el comediante liberal vuelto senador demócrata. Las denuncias se han sucedido y en algunos casos, como el del conservador republicano Roy Moore, retratan la hipocresía de una sociedad, cuyos grupos componentes pasan por alto la conducta de sus miembros, mientras la denuncian cuando se trata de otros. Pero no es un fenómeno únicamente estadounidense. Si el tema comienza a calentar en las sociedades más avanzadas, es de esperar que tenga reverberaciones en las menos desarrolladas, como la mexicana. En alguna duda ya lo tiene. La cuestión de los feminicidios y lo que revela sobre la insensibilidad social y la ineficacia gubernamental es un poderoso despertador. La presunta "crítica" del cardenal Juan Sandoval Íñiguez -"con cualquiera se suben, por eso las matan"- refleja en parte la actitud más retrógrada de la sociedad mexicana y la tendencia de ese grupo a culpar a las víctimas. En un país donde, según las estadísticas, tres de cada diez familias son encabezadas por mujeres y éstas son una parte cada vez más importante del aparato laboral, el abuso sexual, aunque sea representado por meras actitudes no es algo que pueda mantenerse acallado. Menos aún como cuando ya ocurre, las mujeres comienzan a ser una presencia mayoritaria en universidades. Lo que pasa hoy en Estados Unidos en torno a los abusos sexuales, es una señal de lo que viene. Quizá no mañana ni pasado. Pero en pocos años. El empoderamiento de las mujeres, individualmente y como grupo, es inevitable.