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Pandillas, lastre y moralina de EU

OPINIÓN

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Estados Unidos tiene en las pandillas su propia versión del infierno mexicano en la lucha contra las drogas con miles de dealers que no puede controlar ni con la más sofisticada inteligencia que representan 20 mil  agentes en la Alianza Nacional de Asociaciones de Investigadores de Pandillas, que incluye a las agencias ATF, BOP, DEA, FBI, USMS y el Departamento de Defensa. La razón es muy sencilla, según lo resume la reciente publicación de la Evaluación nacional de amenazas de drogas’del  Departamento de Justicia estadounidense: a los pandilleros les gusta la plata. “Quieren tanto dinero como sea posible, obtener poder y controlar territorios’’. Nada extraordinario a las motivaciones que tienen los narcotraficantes de este lado de la frontera (con los que algunas tienen alianzas), para dejar a un lado escrúpulos y límites. Es un hecho que la bandería del crack, la cocaína, y la heroína del país más poderoso del mundo usa niños para evadir las penas máximas, en caso de detenciones por  distribución y es tan vil que, según la DEA, no dudan en distribuir muestras gratis para enviciar y atraer nuevos compradores. El reclutamiento de miembros jóvenes en las filas de las pandillas permite cada vez más el uso de la tecnología a su favor. Así recurren a las redes sociales para reclutar a otros, publicitar sus inventarios de drogas y establecer mercados; además, usan teléfonos celulares prepago,  aplicaciones que encriptan u ocultan mensajes y rastrean los envíos por GPS. De igual manera que los narcotraficantes mexicanos, la capacidad de reorganización de las pandillas de EU es rápida para reestructurarse cada vez que cae un capo y poner a un nuevo cabecilla dispuesto a jugarse el todo por el todo por el narcomenudeo y las ganancias que genera,  el efecto de la hidra, le llaman. Las consecuencias son ampliamente conocidas por el incremento de las adicciones y el repunte de los enfrentamientos violentos en ciudades como St. Louis, Chicago, Baltimore, Milwaukee y Filadelfia, Louisville, Pittsburgh, Manchester, New Hampshire, Charleston y Nueva York, donde en barrios como el Bronx se han visto algunos transeúntes. Las autoridades en EU tienen ubicadas perfectamente cuáles son las pandillas más poderosas, como en México se identifica perfectamente a los cárteles, pero tampoco han podido erradicarlas. Ahí siguen operando los Bloods, Crips,los Discípulos Gangster, la Hermandad Aria (con integrantes sólo de raza blanca), la Mafia Mexicana; Latin Kings, Mara Salvatrucha (MS-13) y Vice Lords. Con esta evaluación, el Departamento de Justicia en EU reconoce que no ha tenido el éxito deseado en contra del enemigo doméstico para la distribución de la droga, a pesar de los recursos que ha invertido para combatirlo. Se trata, en esencia,  de un honesto reconocimiento de la dimensión del problema, excepto por un detalle: omite el tema de la corrupción en el descontrol de las pandillas. La prensa local ha dado algunas cuentas puntuales. El gobierno, no. Pero no es de sorprender: la moralina de los gobernantes estadounidenses siempre ha sido su arma de doble filo como ha sido el cinismo para sus pares mexicanos.   Columna anterior: Misoginia, inc.