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Lecciones de Robert Mueller para México

OPINIÓN

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Robert Mueller es abogado. En 2001, cuando fue nombrado director del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), la carta más fuerte en su haber era la veteranía de la guerra de Vietnam. Durante 12 años sirvió en administraciones de dos partidos distintos. Se forjó una fama de íntegro e implacable. Cuando salió del FBI, en 2013, el empresario Paul Manafort llevaba ya tres años representando los intereses de políticos ucranianos, sin reportarse como cabildero ni dar cuenta en Estados Unidos de las ganancias que obtenía de ese trabajo. Manafort y su mano derecha, Richard Gates, no sólo abrieron compañías en paraísos fiscales y no las declararon en Estados Unidos. También contrataron intermediarios para cabildear a favor del Partido de las Regiones y el presidente de Ucrania, Víktor Yanukóvich. Mueller descubrió estas actividades ilegales durante su trabajo actual como investigador especial en el caso Rusiagate. Las conexiones y transferencias millonarias de Manafort sucedieron antes de su labor como jefe de campaña de Donald Trump, pero revisten un vínculo con Rusia que va cerrando un círculo que podría conducir a la destitución de un presidente. Estas conexiones comenzaron en febrero de 2014, cuando Yanukóvich fue derrocado, en el ocaso de una serie de acusaciones de corrupción en su gobierno. Un mes más tarde, Rusia intervino en Ucrania. La posición del presidente ruso Vladimir Putin en esos años se reforzó con el apoyo al gobierno de Bashar al-Assad en Siria y el claro intento de intervenir en las elecciones de Estados Unidos en 2016, mediante un masivo ataque al servidor de correo electrónico de la campaña de Hillary Clinton. Ese ataque fue seguido por un ofrecimiento de “miles de correos de Clinton” a la campa- ña de Trump, un dato que confirmó George Papadopolous, otro testigo de Mueller en el Rusiagate. En los mismos días cuando Mueller comenzó a recabar pruebas contundentes, en México, el fiscal electoral Santiago Nieto hilvanaba una investigación que se preguntaba, en principio, si la compañía extranjera Odebrecht había influido en las elecciones en 2012, con la promesa de ganar contratos multimillonarios. A diferencia de la libertad y capacidad económica que ha tenido Mueller para reforzar su historial como investigador inamovible por las presiones del poder, en México, la investigación de Nieto fue filtrada, y los afectados pudieron tomar medidas extremas, que incluyeron su propia remoción. Quizá la lección más importante del caso Mueller para México no sea únicamente la exhaustiva revisión histórica de intereses, dineros y presiones, anteriores incluso a la campaña, ni siquiera el respeto a los contra- pesos del poder que han mostrado los partidos en Estados Unidos, sino el sigilo de una investigación que pudo definir, también en este país, un proceso electoral en curso.   Columna anterior: Los silencios del periodismo en México