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Cómo (no) hacer una maleta

OPINIÓN

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Nos lo advirtió la tía Cachis, pero no quisimos hacer caso. Ni hablar: cuando éramos adolescentes, a principios del milenio, viajar de “mochilero” era todo un objetivo de vida. Así que, a pesar de la advertencia, cuando planeamos este viaje de muchos meses por el mundo, conseguimos dos mochilas para guardar el equipaje. Dos mochilas que, llenas, pesan 15 kilos, y son inverosímilmente grandes para una pareja de 60 y 50 kilos: al menos en esta dimensión, con esas mochilas nos vemos como una pareja de hobbits. Seis meses después, estamos arrepentidos, claro: necesitamos dos días antes de cargarlas para hacernos a la idea (llorar un poquito, comer grasas buenas, etcétera), y dos días después para que los músculos del cuello, hombros, espalda, abdomen y nalgas vuelvan a suavizarse. Vemos a otros viajeros con sus maletas cuadraditas corriendo sin angustia sobre sus rueditas y los envidiamos, sudorosos; ¿sabrán del enorme acierto que tuvieron al no quererse ver forever young? Nos gusta creer que de los músculos dolidos brotarán hombros y nalgas más decentes que los que teníamos antes, y así estaremos en un mundo más feliz. Pero la única verdad es que elegimos mal nuestra maleta. Eso nos pasa por chavorrucos. Nos encantaría usar esta mala decisión para decir cómo empacar para un viaje largo. Empezar con: 1. Lleva maleta de rueditas. 2. No empaques esas botas de suela plana. 3. Lleva sólo cosas que estés dispuesto a tirar en el camino. 4. No necesitas dos cámaras. 5. Sí, hay una manera adecuada de hacer rollito tus playeras, etcétera. Cada punto incluiría una trágica pero divertidísima anécdota, y podríamos reír de las llagas físicas y emocionales que resanaremos llegando a México. Esa lista sería inútil o hipócrita, porque la única manera de aprender a empacar es empacando. Empacar es, como la vida, una serie de decisiones que parecen bobas pero que a la larga se vuelven importantísimas ¿Diez calzones u once? (Llegará el desolado pueblo en Rumania, olvidado del dios de las lavadoras, donde desearás haber respondido “once”.) ¿Los jeans más viejitos o los nuevos? ¿El bultoso abrigo que extrañarás durante esa caminata en medio de una tormenta en Georgia? ¿Qué medicinas? Hacer una maleta no es sólo guardar cosas, sino reconocer que los multiversos existen: los zapatos que no llevas te arruinarán una tarde y te salvarán en otra, y cada decisión que tomas al armar tu equipaje detona un viaje muy distinto. Por eso no nos atrevemos a dar consejos para hacer correctamente una maleta (para elegir correctamente un multiverso). Pero tranquilos: seguramente, en alguna realidad paralela, hay una pareja de hobbits que viaja rodando alegremente con maletas con rueditas y con todas las decisiones correctas bajo el brazo, que justo ahora se disponen a empezar ese texto.