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Mariana Gómez del Campo: Los claroscuros tras el 19s

OPINIÓN

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Según datos oficiales, en México hay poco más de 37.5 millones de jóvenes, lo que representa 31.4 por ciento de la población total y han sido catalogados como parte de una generación que ha roto los paradigmas tradicionales en materia de participación política, pues viven en un contexto en que la información fluye en tiempo real por lo que su conexión a los medios digitales se da las 24 horas del día. Por medio de un tuit expresan sus gustos musicales, condenan a los políticos, demuestran su indignación sobre algún escándalo, opinan sobre los problemas que les afectan, se quejan de los malos servicios de telefonía celular o de internet, bromean sobre la actualidad global por medio de imágenes que han bautizado como “memes”, incluso demuestran su afecto y respaldo a ciertas causas humanitarias. Pese a ello, la percepción de los millennials (jóvenes entre 20 y 35 años) sobre los partidos políticos es que son parte de muchos de los problemas del país. Aunque expresen simpatía por algunas acciones de gobierno, no se ven a sí mismos como fieles militantes de los partidos políticos como las generaciones anteriores visualizaban la participación política. Es por todo ello, que muchos vieron en los jóvenes una actitud ensimismada, apática y egoísta que cada vez abandona el contacto con el otro y se sumerge en la web. Sin embargo, ante la emergencia que desató el terremoto en la CDMX, los primeros que tomaron las calles y pusieron manos a la obra en las actividades de rescate, fueron los millennials, que una vez recuperada la señal de sus celulares empezaron a informar a través de redes sociales la magnitud del daño en la capital del país y, a su vez, organizar la respuesta de la sociedad. Los supuestos apáticos millennials resultaron ser los más empáticos pues abrieron sus casas para dar hospedaje, abrieron sus negocios como centros de acopio o centros de ayuda a damnificados y rescatistas, tomaron sus bicicletas, motos y hasta patrocinaron viajes en Uber. Todos han encontrado un área donde podían ser útiles. La respuesta fue tal que rápidamente llegó el punto en que las autoridades dijeron “no necesitamos más manos”, pero lejos de volver a casa o a su cotidianidad, crearon redes de cooperación para dar a conocer el estatus en tiempo real de los lugares que más necesitaban apoyo. Enorgullece ver cómo los jóvenes dejaron su día a día y se volcaron a ayudar. Cuando la UNAM abrió el Estadio Olímpico a los jóvenes para formar brigadas de apoyo, como lo hizo en 1985, el lugar se abarrotó. Asimismo, diversas universidades participaron organizando a sus estudiantes para atender las necesidades de la ciudad. Como mexicanos, estamos orgullosos de nuestras Fuerzas Armadas, de nuestros jóvenes, de nuestra gente, porque cuando más se necesitó todos estuvieron ahí, sin comer o dormir, con miedo pero con los ojos llenos de esperanza. Ése es el México del que Francisco González Bocanegra se refirió cuando escribió en nuestro Himno Nacional “el cielo un soldado en cada hijo te dio”. ¡Fuerza México!
*Senadora de la república