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Atrapados sin salida

OPINIÓN

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La reciente y cínica burla del Partido del Trabajo confirma que estamos atrapados. Hace casi tres décadas se fundó el PT, por iniciativa de Carlos Salinas de Gortari, de la mano con su hermano Raúl. Nació como apéndice priísta y hoy es el único aliado que ha aceptado y bendecido Andrés Manuel López Obrador de cara al 2018. ¿Qué paradójico, no? En resumen, siempre ha navegado para donde más le conviene. Su aporte ha sido nulo a la política y a la democracia mexicanas. Eso sí, en 27 años el Partido del trabajo, es decir, Alberto Anaya y su 'dirigencia colectiva’, se han embolsado más de 4mil 600 millones de pesos. Hoy están bajo investigación por el manejo de una mínima parte de esa enorme cantidad de dinero y se dicen perseguidos por el gobierno. Es decir, ¿pedirles cuentas sobre el manejo y destino que han dado al dinero público es perseguirlos? Alberto Anaya y los suyos creen que por tener el membrete de un partido político legal no tienen obligación de rendir cuentas, que deben ser inmunes al escrutinio público o, en todo caso, impunes ante la ley. Pero el problema no es solo el PT. Es el sistema de partidos que tenemos en México, diseñado y controlado por ellos mismos. Es que la ley les da todas las ventajas para violarla o darle la vuelta. Es que las autoridades electorales tampoco tienen las herramientas necesarias, ni suficientes, para someterlos al marco jurídico. La reelección de Alberto Anaya como eterno dirigente del Partido del Trabajo es la más clara y reciente muestra de eso. Por desgracia, hay más ejemplos en aras de la democracia y la pluralidad. Con el ánimo de aparentar que no existe un monopolio, más bien oligarquía del partidismo en México, se diseñó una ley que permite a cualquiera fundar su partido político y recibir muchos millones de pesos de presupuesto público. El PT no es el único partido que se maneja como franquicia o negocio familiar. Ahí tenemos al Partido Verde Ecologista de México, fundado en 1986. Negocio particular de Jorge Emilio González, alias “El niño verde”, quien lo heredó de su padre, Jorge González Torres. Movimiento Ciudadano, antes Convergencia -inventado en 1998-, ha sido el negocio de Dante Delgado Ranauro, hoy cerebro del Frente Ciudadano por México. Hay, y ha habido más. Existen muchos partidos locales difuminados por toda la república, invento de los gobernadores en turno, que solo sirven para controlar políticamente los pesos y contrapesos electorales, que viven del presupuesto público y poco o nada portan. Lo peor es que no se ve para cuándo vaya a cambiar el escenario. Los partidos políticos están muy cómodos con el estado de las cosas y los ciudadanos estamos indefensos. Los candidatos sin partido hoy no representan una alternativa real. Son apenas una tímida esperanza o un disimulo, como en el caso de El Bronco, para cambiar las cosas sin que cambien. Así llegaremos a la elección de 2018, la pregunta es cuánto tiempo más y cómo podremos acabar con este lastre.   Columna anterior: La novela del fiscal