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Peña y el fiscal Nieto: negocios riesgosos

OPINIÓN

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Los hombres y las mujeres que pertenecen al círculo más próximo del presidente Peña sostienen que es un político metódico, estratégico y con un olfato político que le permite tomar decisiones prácticas y otras audaces.

Acompañado por su círculo más íntimo e influyente –Luis Videgaray, Aurelio Nuño, Miguel Osorio, José Antonio Meade, entre otros–, Peña visualizó el Pacto por México como una serie de reformas estructurales capaces de mejorar el modelo neoliberal dominante seis gobiernos.

Hoy el presidente Peña y el PRI llegan al inicio de la elección presidencial con un discurso de pleno convencimiento: las reformas estructurales cumplieron su propósito y hoy el país tiene tres millones más de empleos y fundamentos macroeconómicos estables.

Entre los resultados que proclaman sobresalen una reducción de dos millones en el número de pobres, a partir de un nuevo método de medición y de políticas públicas para asegurar el derecho a la vivienda y a la alimentación, a la educación, como parte de seis derechos fundamentales.

Peña, Videgaray, Meade y el resto del equipo gobernante están convencidos de que la reducción de la pobreza y esos nuevos empleos son resultado de una reforma fiscal detestada y una reforma energética que en palabras de los arquitectos del Pacto por México ha dado resultados extraordinarios.

Esta narrativa, que parecería más cercana a una declaración de fe, ha convivido en semanas recientes con decisiones arriesgadas que el presidente Peña ha tomado al margen de los acuerdos que hasta hace poco fueron posibles con el PAN y el PRD, lo cual no es noticia.

Sí es llamativo, en contraste, que el presidente Peña y su círculo cercano parecen haber tomado decisiones graves sin revisar cabalmente el escenario político y las posibles consecuencias para su gobierno y el PRI, de cara a la elección presidencial.

En la primera de esas decisiones, Emilio Gamboa intervino en el PAN para elegir presidente del Senado a Ernesto Cordero –quien lideró la reforma energética, un papel reconocido por el peñismo–, con el voto del PRI y de un grupo de panistas, y contra la voluntad de Ricardo Anaya.

La respuesta fue el frente PAN, PRD y MC que bloqueó la instalación de la Cámara y obligó al PRI a comprometerse a cancelar el pase automático y a legislar la autonomía de la nueva Fiscalía.

Tras esa humillación, el presidente Peña tomó otra decisión que lo tiene contra las cuerdas: destituir al Fiscal Santiago Nieto.

El presidente y los suyos están jugando pelota dura, tomando decisiones en el filo de los procedimientos y las instituciones. Pero dureza no es sinónimo de efectividad. Hasta ahora, les han dado la vuelta.

Si el Senado reinstala a Nieto con los votos de la oposición, Peña tropezará en el objetivo de eliminar a un fiscal incómodo hacia la elección 2018; y de paso podría reunificar al panismo –y a la oposición– en una votación de rechazo a una decisión autoritaria y de dudosa legalidad.   Columna anterior: Censos y sismos