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Dedazo: colonización ideológica del PRI

OPINIÓN

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Dedazo institucionalizado en, literalmente, todos los partidos políticos, incluidos los que se hacen llamar de izquierda, evidencia una de las más profundas victorias del PRI en el sistema político mexicano: la semilla que sembró en la conciencia nacional ahora germina reproduciendo sus prácticas caudillistas, de control y simulación para mantener el régimen intacto. Todos los partidos definieron ya sus métodos para seleccionar candidatos a la Presidencia de la República: en el PRI será una convención de delegados, en el PAN será elección de militantes, en el PRD será un “consejo nacional electivo” y en Morena por “consenso”. En el caso de los priistas, la convención de delegados no es otra cosa que un eufemismo para disfrazar la imposición del sucesor designado por su único elector: el actual Presidente Enrique Peña, quien controla el 90 por ciento de Consejo Político Nacional de ese partido y todos los órganos de dirección responden a su voluntad. Por su parte, los panistas, liderados por Ricardo Anaya, quieren hacerse pasar como los paladines demócratas abriendo la elección a su militancia, pero en la realidad desde hace más de un año el chico maravilla cerró la afiliación e inició una purga en su militancia, argumentando que durante la gestión de Gustavo Madero como dirigente albiazul se realizaron afiliaciones masivas y sin control. Los perredistas prácticamente calcaron el método del PRI: su consejo nacional electivo es el equivalente a la convención de delegados del tricolor, lo que significa que su candidato será designado por la cúpula. En Morena, de Andrés Manuel López Obrador, lo mismo: su método de “consenso” es la faramalla de su líder único y absoluto para encumbrarse a mano alzada entre sus militantes y cúpula. ¿Es esto antidemocrático? No necesariamente, toda vez que los partidos políticos tienen la libertad de seleccionar a sus candidatos como mejor lo parezca y no hay obligación ni legal ni moral, para que designen a sus candidatos a través de una elección abierta a la población en general. Al contrario, la designación por dedazo es parte de la democracia a la mexicana, reducida ésta a la libre emisión del voto el día de las elecciones, dejando en libertad a los partidos políticos para que oferten a quienes consideren sus mejores candidatos. Y es el mejor invento del priato para mantener el sistema que instauró desde Plutarco Elías Calles, para garantizar que sus intereses de grupo prevalezcan por encima del personaje o la clase política que esté en el poder. Lo que hizo el PRI fue sencillo pero efectivo: formó políticos a su imagen y semejanza en una especie de colonización ideológica. EN EL VISOR: Se desvanece la izquierda progresista en el país. Ya no hay partido que defienda, promueva y empuje causas como la interrupción legal del embarazo, las bodas entre personas del mismo sexo con posibilidad de adopción y la legalización de las drogas. El PRD, por su amasiato con el PAN, desechó esas banderas. Y Morena, en estos rubros, es el más ultraderechista de todos.   Columna anterior: El desmemoriado comparsa de Anaya