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Silencio de cobardes

OPINIÓN

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Una de las paradojas interesantes en el deporte tiene que ver con la colectividad, especialmente cuando se habla de disciplinas que se practican en equipo. “¿Prefieres ganar el campeonato o el título de goleo?” es una de las interrogantes comunes que hacen colegas alrededor del mundo a futbolistas, por ejemplo. La respuesta obvia es que prefieren hacer lo mejor por el equipo y ganar un título con el club que una distinción individual. Sin embargo, el deporte también tiene que ver con logros y satisfacciones personales, arrancando por ganarse la titularidad. No obstante, al pelear por mejoras en su gremio o apoyar a sus colegas con menos privilegios, es en donde quienes protagonizan el deporte tienden a guardar silencio y a buscar lo más conveniente a nivel individual. Por este motivo resulta importante subrayar la huelga protagonizada por jugadoras de las selección de Noruega, quienes exigiendo una iguala salarial respecto de sus colegas varones, decidieron no jugar hasta que sus de- mandas fueran resueltas. Y así fue. Gracias a la valentía de estas futbolistas, Noruega marcó la pauta en la búsqueda por equidad de género en el futbol y en el deporte. Como era de esperarse, otras selecciones siguieron el camino y tocó el turno la selección danesa. No obstante, el desenlace ha sido menos favorable. En vísperas del duelo de eliminatorias para la Copa del Mundo ante Suecia, Dina- marca (subcampeona de la Eurocopa) decidió no presentarse al partido en pro-testa luego de meses de negociaciones infructuosas con su Federación. Ante esto, Dinamarca podría quedar des- calificada de las eliminatorias. La UEFA claramente está, como suelen hacer las instituciones ante situaciones como la presente, escudándose en que debe apegarse al reglamento: ese que les resulta tan cómodo para castigar a quienes se salgan del guión, pero para proteger sus oscuros intereses al momento de jugar tras bambalinas. Rancio y con poco entendimiento de la coyuntura, la UEFA busca sancionar a quienes enaltecen el valor de la colectividad más allá de goles y pases, y están resolviendo un problema largamente ignorado por dirigentes. Las demandas de igualdad y mejoras laborales nunca han logrado hacer eco entre los poderosos cuando se pi- den de buen modo. Los afroamericanos no abolieron la esclavitud mediante conversaciones educadas, ni las sufragistas consiguieron que a las mujeres se les permitiera votar gracias a sus gentiles y reiteradas peticiones hasta que finalmente un magnánimo hombre decidió hacerles caso. No. Tristemente no es así. Es por ello todavía más importante que este modelo se replique. Si llega a suceder en México, será nuestro deber apoyar a quienes salgan del confort para buscar mejorar sus condiciones y las de futuras generaciones. Ojalá en ese momento también los colegas de las futbolistas alcen la voz y no sean simples espectadores. De lo contrario, la historia se encargará de recordarlos por su silencio.   Columna anterior: La campeona de la NFL