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Honor a quien honor merece

OPINIÓN

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Las emociones están flor de piel en este país. Quizá es el fin del mundo, he pensado, aunque me gana mi vena escéptica y vuelvo a pensar que de lo peor, siempre puede venir lo mejor. Así pasó en estos días adversos, extraños, entre los cuales una lucecita de alegría entró por las nubes al conocer que un amigo, colega, pero sobre todo un cocinero de clase mundial, fue reconocido por su trayectoria profesional. Mi amigo es Guillermo González Beristáin, los días han sido los de septiembre de 2017, y el premio es el que Latin America’s 50 Best Restaurants otorga bajo el título de Diners Club Lifetime Achievement 2017, en reconocimiento a la contribución a la gastronomía de la región que el creador de Pangea en Monterrey, sin duda, inició hace décadas. González Beristáin soñó con hacer buena cocina en esa ciudad, y hoy, después de una lucha y trabajo incansables, es líder e inspira a muchos cocineros mexicanos que han pasado por sus filas y que, como una vez él mismo me dijo, “satisface cuan- do el alumno supera al maestro”. Hay más de él además de Pangea. Está el italiano Vasto; el francés Bistro Bardot; Chino Latino -con el mejor arroz frito de México-; La Embajada, de comida mexicana sabrosa; La Félix, y ahora es hasta pizzero en Milk. Originario de Ensenada, no pudo evitar entrar al mundo del vino, y lo hizo con todo y muy bien hecho: Mariatinto es una etiqueta consolidada en el mercado del vino mexicano, y consentida. Y pues para no dejar, entra y domina el mundo de la cerveza y crea con su varita mágica Bocanegra, y ahora, destilados. Guillermo es incansable, un ejemplo de cocinero, de empresario y de amigo. ¿Por qué es importante este premio? Para mí, porque honor, a quien honor merece. Pero además, el premio Diners Club Lifetime Achievement es uno de los premios que más emocionan en la anual ceremonia de los Latin America’s 50 Best Restaurants. Tiene sentido, suele entregarse a aquellos grandes maestros, y Guillermo es, entre los maestros, de los que enseñan y comparten conocimiento con humildad, quizá la más grande de las virtudes. Todos hablan de él y es un hombre al que se le quiere mucho. "¿Qué te nutre de compartir cocinas con otros cocineros?", le pregunté en alguna ocasión, y casi sin haber terminado la pregunta, respondió: “lo importante es ver amigos que quiero mucho. Además, siempre aprendes. También, salir de tu ciudad y despejarte”.
  Por Valentina Ortiz Monasterio