19S, redes y voluntarios: La Pulga


Me llamo Juan Ramón Santos Silva, tengo 32 años. Soy plomero. El día que tembló estaba en mi casa en Guadalajara, viendo la tele. Pensé que las escenas eran parte del simulacro. Luego me provocó mucha ansiedad ver a los niños atrapados.

Eso me puso mal y decidí venir. Emprendí el camino el día 20 de septiembre a las 4:30 de la madrugada. Me vine a puro aventón con la esperanza de salvar a los niños del colegio.

La ciudad era un caos. Era la primera vez que venía. Me llamó la atención la gente en shock y desorientada. Sin chaleco, guantes y casco trepé a la montaña de escombros en el edificio de Álvaro Obregón 286 y por un hueco de 80 por 90 centímetros llegué a donde estaba una mujer muy joven. Estaba viva.

Cuando la sacamos un marino me dijo que fuera a la parte de atrás del edificio, otro derrumbe en Amsterdam 25. Había tres personas atrapadas. Ahí conocí a Ana Givaudán, a cargo de la entrega de herramientas y comida en la zona de desastre.

Le llamamos La Pulga porque cabía en cualquier hueco, recuerda Givaudán.  No le importaba no comer ni dormir en la calle. Santos mide 1 metro con 50 y pesa 45 kilos. Es un rescatista autodidacta.

Siempre he sido topo. Mi primera incursión fue en Puerto Vallarta, en el derrumbe de una casa. Saqué a una señora, un señor, dos niños y un perro. La Pulga tenía quince años. En el Bosque la Primavera he rescatado personas que se pierden.

La Pulga y Ana Givaudán hicieron equipo. Ella, una internacionalista de 27 años por el ITAM, se convirtió en una improvisada manager del topo.

Por la red nos enteramos a las once de la noche del domingo que se necesitaban rescatistas en el edificio de Escocia. Estaba conmigo y le pregunté si quería ir.

Logré meterlo hasta dentro y encontró vida. Fueron las personas que sacaron de un coche. La pulga dijo que encontró tres cuerpos y una persona con vida, porque le contestaba. Dejó el rescate en manos de la Marina y dos rescatistas independientes que discutían la mejor manera de entrar.

Santos estuvo más de una semana y media en las ruinas de Amsterdam 25. Cada brigada tenía una responsabilidad parcelada. Unos removían escombros, otros los llevaban a un camión. Yo soy un topo independiente y mi tarea es meterme en el escombro para rescatar personas.

Cada zona cero era un enigma. En cada una había uno o más voluntarios a cargo que se turnaban. Muchos daban espacio a los topos y los ayudaban a trabajar, pero otros los frenaban. Había riñas y peleas de egos.

La Pulga regresó a Guadalajara un viernes, semana y media después del temblor.

El lunes siguiente tuve una entrevista en Guadalajara y llovieron llamadas para decir que urgían rescatistas para recuperar personas.

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