1994: El año negro y sus herencias

Una escena de antología recuperada de aquellos archivos perdidos es el interrogatorio a Mario Aburto, en Tijuana

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Hace unos días apareció en Netflix la serie 1994, del periodista y documentalista Diego Osorno, un trabajo periodístico cimentado en 50 entrevistas que narra los sucesos del año que detonó la violencia brutal de estos días y marcó a miles de familias que perdieron sus casas y autos hipotecados, y sus pesos –por miles, cientos de miles o millones–, consumidos por una amarga devaluación en la época navideña.

Fue un año maldito como una pesadilla e improbable como la repetición de un cometa –un levantamiento armado seguido de una guerra y dos asesinatos políticos– de cuya estela de caos político, económico y social (una fuga sin precedente de 28 mil millones de dólares), las nuevas generaciones no preservan un recuerdo sólido.

La serie de Osorno presenta imágenes que forman un extraordinario archivo de escenas y circunstancias que permiten apreciar la forma desordenada y demencial en la que transcurrieron decisiones y eventos institucionales, y ayudan a desentrañar al país de los 90 para entender al México de estos días. Una escena de antología recuperada de aquellos archivos perdidos es el interrogatorio a Mario Aburto, en Tijuana, un desastre de preguntas sin sentido y policías que no sabían hacer su trabajo o bien cumplían la misión de estorbar, distraer y contaminar las investigaciones desde el primer momento.

Hay escenas esquizofrénicas como el país de entonces y de ahora: Carlos Hank, el poderoso y temido fundador del Grupo Atlacomulco, proclamando ante Colosio la paz del régimen priista, que presume libre de conflictos y magnicidios; o Diego Valadez, desde los 90 considerado un gran jurista, precipitando la versión oficial del asesino solitario unas horas después del crimen; y Jacobo Zabludovsky, introducido como conductor de televisión, alimentando en 24 Horas la versión falsa de la existencia de dos Aburtos.

La serie consigna el desprestigio de la procuración de justicia, entonces ya intolerable, y el ingreso de un panista al régimen priista –el procurador Antonio Lozano Gracia–, y cómo tras la imposición de las versiones del asesino solitario y los dos Aburtos en el gobierno de Salinas, la administración de Zedillo torció aún más las cosas cuando el fiscal Pablo Chapa se dejó guiar por una clarividente y encontró un cráneo falsamente atribuido al supuesto asesino de José Francisco Ruiz Massieu.

De manera semejante a su trabajo en el documental La muñeca tetona, Osorno vuelve a dejarse guiar por una apuesta: tender puentes y darle voz a la oligarquía de entonces –Salinas, Diego Fernández y el polémico abogado de políticos Juan Velázquez–, para llevarla a revisitar el levantamiento armado y los asesinatos políticos. A la manera del libro Ifigenia en Forest Hill, de Janet Malcom, 1994 no es un relato de investigaciones y expedientes, sino un recorrido vertiginoso por los grupos políticos, sus intereses y disputas. En 1994 fueron asesinados dos políticos; el año pasado, más de 150. De esta dimensión trágica es la importancia de revisitar la historia, más cuando el poder político no pudo o no quiso llegar a la verdad.

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@WILBERTTORRE

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