1982

En el aniversario 36 de aquella gran añada, añoro que sea una celebración de más y mejor vino viejo y de infinita conversación sabrosa

1982

Leí que fue un verano delicioso, que el sol apapachaba y el calorcito tenía contentos a los locales comiendo fresas del Perigord (con creme fraiche, mi postre favorito en el mundo).

Hubo un eclipse lunar de 26 minutos de duración y la revista Time le otorgó el título de hombre del año, a una computadora. El certamen Miss Universo sucedió en la cuidad de Lima -y, para no variar la costumbre, la peruana le ganó a la mexicana-.

La ochentera Maneater era la canción de moda y las hamburguesas derivadas de soya comenzaban a tener popularidad -y no sé cómo subsisten, pienso hoy- mientras me acuerdo de una noche de debate de hamburguesas comiendo dos demasiado gordas entre promesas de comer mejores más al sur.

Hablo de 1982, año en el que Burdeos clasificó por haber tenido una de las grandes añadas del siglo.

Fue ese mismo año en el que Mouton Rothschild celebraba su cosecha número 60 y, como es costumbre en la bodega la creación de sus etiquetas a diversos artistas, aquélla la pintó John Huston -quien además, también era boxeador -, y representa una de las que más me gusta y emociona de esa colección, un carnero que baila entre el sol y vides.

Sí, así entre sol y fruta, como le explicaba a poderoso -en todos los sentidos- cocinero, que me gusta estar entre los viñedos, y casi siempre con zapatos que levantan suspicacias, pero que a mí me hacen feliz.

El calendario lunar de las primeras noches de ese mes de noviembre de 1982 fue un tránsito de luna llena a luna nueva.

Los escépticos como yo no estamos para nada convencidos, pero los más animados que buscan respuestas de fantasía a interrogantes meramente científicas, dicen que la luna llena incide, además de sobre el amor, también en los cultivos.

Así que la diosa de la Luna griega, Selene, debió de haber estado involucrada no sólo en la concepción de aquel mágico año bordelés de 1982, sino en otros muchos sucesos del año de los que adoran el vino y que vinieron al mundo a pasarla bien.

Que sea el aniversario 36 de aquella gran añada, una celebración de más y de mejor vino viejo, y de una infinita conversación sabrosa.

 

Por VALENTINA ORTIZ MONASTERIO
@VALEOM

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