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El Presidente se ha dedicado a hacer política, bajo presión y ante cualquier circunstancia

Javier_García_Bejos
Javier García Bejos / El Heraldo de México

Esta semana marcó el cumplimiento de la primera referencia de tiempo para la administración del presidente López Obrador. Han sido 100 días definidos por su presencia permanente en la escena nacional, siete días de la semana y desde temprana hora. Sin lugar a dudas, el Presidente se ha dedicado a hacer política, bajo presión y ante cualquier circunstancia. Con el cambio de régimen, el eje de ruta ha sido la narrativa de la Cuarta Transformación; podrá no existir un claro programa de gobierno, pero hay una ruta no negociable para ejercer el poder. En ese sentido, más que reformista, el Presidente se ve a sí mismo como un revolucionario; encuentra enemigos, define rumbos, celebra victorias, perdona y corrige. La voz de la administración es la del Presidente, y su micrófono está en las mañaneras. Poco después se encuentra con la base, como los últimos 20 años, sin cambio de forma ni de fondo.

En la etapa ha prevalecido cierta turbulencia. Hay múltiples temas y ha pasado de todo, pero hay que decirlo, la popularidad del Presidente sigue cargando la esperanza que tiene la gente de que su narrativa sea correcta, que el cambio suceda y que se destierren del país los abusos y la corrupción, motivación última del proyecto. El camino no ha estado exento de tropiezos; se han tomado decisiones polémicas, algunas preocupantes y otras quizás incomprensibles. Sin embargo, el Presidente ha dado la cara, por lo que, si no falla en la conducción y tiene claro el camino, al final podrían darse resultados positivos.

Por una parte, el reto económico se vislumbra cuesta arriba. Es urgente evaluar qué parte de los discursos del sector privado, aparentemente coincidentes con la nueva narrativa, son sólo palabras, pero también se debe marcar en dónde apretar el paso. Asimismo, la política exterior parece desmarcarse de lo que sucede en el mundo; no nos hemos encontrado con Estados Unidos y nos aislamos restándonos de la crisis venezolana, pero hacia afuera, la fuerza que proyecta la administración es tal que México se sigue viendo fuerte y unido.

La agenda legislativa ha sido complicada, con muchos frentes abiertos. Con equilibrios poco sustantivos, el estire y afloje ha marcado el camino, pero hay que decir que los temas relevantes se han tratado con sensibilidad, como fue el caso de la Guardia Nacional. Finalmente, las rechiflas en los estados y la relación con los gobiernos locales son reflejo de una dinámica que exige tener la piel gruesa; la figura del Presidente no puede ser cuestionada en la plaza pública, por lo que la presión para reaccionar ante ello generará diferentes formas de hacer política.

Llevamos 100 días que han sido exprimidos por completo. Intensos y enredados, han dejado claro que aún es muy pronto para evaluar o juzgar. Hay mucho camino por recorrer y, en todo caso, deberíamos aprovechar el ánimo social para sortear con unidad los apremiantes retos del país, y de una buena vez hacer que pasen cosas buenas. Al final, eso es lo que todos queremos.

 

@jgarciabejos

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