MARINA ARMADA

Mujeres, en defensa del país

Su amor a la patria las hizo unirse a la Marina. Están listas para el desfile

NACIONAL

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La Marina Armada de México, inició la conformación de la fuerza de tarea en julio Foto: Yadin Xolalpa

La tercera maestre Maya cambió tijeras y cepillo por una ametralladora para servir al país.

A los 20 años, tuvo la ilusión de entrar a la Marina Armada para desarrollarse como estilista, pero al lograrlo, cosa que tardó un año, se involucró hasta llegar al Grupo de Operaciones Especiales.

En entrevista con El Heraldo de México detalló que lleva 17 años de servicio, y la mitad de ellos preparándose constantemente para atender las situaciones de emergencia. Ahí es, dijo, cuando se entiende lo que llaman “amor a la patria”.

“La mitad de mi carrera está en la Unidad de Operaciones Especiales. El amor a la patria lo ves cuando tu país se encuentra en tragedia y necesita de ti, necesita de tu apoyo y que no estén solos. Es en ese momento cuando te das cuenta”, aseguró.

El 16 de septiembre será la primera vez que participe en el Desfile de Independencia, lo cual, calificó como un gran honor. “Es la primera vez que desfilo, y cuando me nombraron fue algo que no lo podía creer, tras 17 años de servicio, el momento lo empiezas con una fuerza que no hay cómo explicar”, señaló.

ENCARGADA DE NUTRIR

Aunque no es fácil mantener a todos a raya en cuanto a alimentación se refiere, la teniente Herrera trabaja día a día para preparar un menú saludable a elementos de Operaciones Especiales de la Marina.

 La teniente de corbeta del Servicio de Sanidad Naval reconoce que a veces se dan sus gustos, como el pozole que comerán la noche del Grito de Independencia, previo al desfile del 16 de septiembre.

La licenciada en Nutrición y Paracaidista, quien se prepara para la Parada Militar, se encarga de que los marinos coman sano. “Cada año les hacen su examen médico, si presentan sobrepeso tienen que ir conmigo; el menú en la Unidad de Operaciones debe ser de tres mil calorías, por el desgaste”, dijo.

Por Almaquio García

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