Pasaron cuatro horas de la muerte, a su entierro

COVID-19 no deja tiempo para despedirse

Pasaron cuatro horas de la muerte, a su entierro
Ha cambiado el ritual forense en México. Foto: Especial

De la muerte de su madre al entierro solo pasaron cuatro horas. No hubo tiempo ni de despedirse, cuenta Dolores Hernández, hija de doña María, quien falleció a los 78 años por COVID-19 en su hogar.

Dolores no pudo estar con su madre en sus últimas horas de vida, ese día su esposo tenía cita para hacerse la prueba de detección del nuevo coronavirus, ya presentaba síntomas que se estaban agravando, tuvo que llevarlo a una clínica del ISSSTE, en ese lapso, perdió la vida su mamá.

“Se murió a las 10 de la mañana y a las dos de la tarde ya estaba enterrada. No hubo velación, no hubo misa, no hubo nada. Fue el mismo día que le dijeron a mi marido que tenía COVID, le estaba haciendo la prueba a mi marido y mi hermano me estaba diciendo que mi mamá estaba falleciendo, yo sin poder ir”, relató Dolores.

A doña María Hernández sus hijos decidieron no llevarla a una clínica para que fuera atendida por COVID, sino traer a un especialista para que llevara el tratamiento en casa, compraron todo lo necesario, sin embargo, su salud ya estaba deteriorada por otras enfermedades crónicas, el médico les explicó que ingresarla a una clínica sólo sería para que la regresen en una caja de cenizas.

“Me tuve que ir al ISSSTE para que atendieran a mi marido, en ese inter mis dos hermanos y hermana fueron a enterrar a mi mamá. Ya no me despedí, ya no la abracé, no la vi. Es un sentimiento que traigo. Pero no podía abandonar a mi marido, estaba también grave, traía falta de oxigenación, preferí quedarme con mi marido y mis hermanos que fueran a enterrar a mi mamá”, dijo. 

Doña María fue maestra por 41 años en Sayula, Jalisco, dice Dolores que enseñó a muchas generaciones a leer y escribir, pues principalmente daba clases en primero y segundo grado. En cuanto a su esposo, por fortuna pudo librar la enfermedad, pero también tuvieron que sufrir el calvario de encontrar un tanque de oxígeno y rellenarlo cuando fuera necesario.

Dolores pide a la gente que no deje de usar cubrebocas, le parece increíble que existan personas que se resisten a usarlo o peor, que no crean en la enfermedad, “que lo vivan en carne propia, para que vean que sí es cierto”.

Para poder llevar un proceso de duelo y acompañamiento por la pérdida de su mamá, sobre todo por las circunstancias en que ocurrieron, Dolores está en búsqueda de ayuda psicológica que le sirva para encontrar resignación.

Por Ricardo Gómez

IALC

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