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"Pese a pandemia, no podemos dejar de atender a los más necesitados"; señala sacerdote

El cura "Juanjo" reconoció tener miedo al coronavirus que acapara la atención de mundo, pero exaltó tener mucha más fe para no sucumbir

NACIONAL

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En tiempos del coronavirus (COVID-19) la fe para muchos enfermos es una medicina de paz y fortaleza, afirmó el sacerdote Juan José Cedeño, encargado de la Parroquia Coronación de Santa María de Guadalupe

Desde el templo ubicado en la colonia Condesa de la capital mexicana, el cura reconoció tener miedo al virus -todavía sin antídoto ni vacuna- que acapara la atención de mundo, pero exaltó tener mucha más fe para no sucumbir. 

“Juanjo”, como le llaman sus cercanos, dijo a El Heraldo de México que su labor es imprescindible en la presente emergencia sanitaria, y ahora, con más motivo, seguirá visitando enfermos en los dos hospitales cercanos a su parroquia y en casas particulares, y aunque al momento no se encontrado pacientes con COVID-19, aseguró estar listo para cualquier escenario. 

“Sí, estoy preparado, tengo mis cubrebocas, mi gel antibacterial, mi fe, y a prestar el servicio con todo amor, cariño, con miedo -obvio-, pero en las manos de Dios nos encomendamos y sobretodo para darle paz a la gente en estos momentos de dolor, de dificultad. El que llegue el sacerdotes y les dé la paz, les dé el servicio, los atendamos, recibamos, para la gente les da paz, les da fortaleza. Pues hacer nuestra chamba, ni modo”, narró mientras usaba un cubrebocas negro. 

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La Parroquia tiene capacidad para recibir a 380 personas sentadas, más las que puedan acomodarse en los pasillos. Entre semana, a las misas diarias de 8, 12 y 19 horas acudían al menos 40 personas.

“Omití la de las 8 de la mañana, ahora sólo la de las 12 y de 19 horas, y vienen cuatro o cinco personas nada más, no hay gente; en la oficina sólo estamos a medio tiempo, por las mañanas hay gente, por la tarde ya no. Nos toca estar aquí en la soledad de la parroquia”, comentó.

Sin emergencia sanitaria, en un domingo cualquiera -que para los católicos es conocido como “el Día del Señor”- acudían alrededor de 250 personas a la Parroquia Coronación, pero por instrucción de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y la Arquidiócesis Primada de México, ahora se realizan a puerta cerrada.

Juan José Cedeño es capitalino, pero con raíces en Arandas, Jalisco. Compartió a este diario que la semana pasada tuvo que trasladarse a la tierra de sus padres porque se vio obligado a celebrar la misa de difunto de su tía, pues aunque ella no falleció por COVID-19 sino por cáncer, el sacerdote de la región rechazó realizar la misa de cuerpo presente por temor al virus.

“Hay cosas que los sacerdotes sí tenemos que aprender: aunque el párroco se quiso cuidar y cuidar a la gente, la necesidad espiritual y el dolor en ese tipo de dificultad lo tenemos que atender”, reflexionó.

A pesar de pasar de Fase 1 a Fase 2 de la pandemia en México, y en vísperas de la Fase 3, Juan José Cedeño aseguró que seguirá su labor de visitar los hospitales y enfermos en casa.

Describió que los sacerdotes todavía pueden entrar a los nosocomios, pero bajo estrictas medidas de sanidad.

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“En este tiempo de dificultad, de pandemia, no podemos dejar de atender a los más necesitados, hablando de los enfermitos o hablando de los difuntos porque nos piden el servicio sus familiares; de otras ceremonias, como bodas, quinceaños, esas sí se pueden posponer, pero hay cosas que no podemos pasar inadvertidas como, por ejemplo, los enfermos nos dicen ‘padre, yo me siento muy mal, deme los Santo Óleos’. Los servicios espirituales necesarios y los tenemos que dar”, concluyó.  

Por: Iván E. Saldaña

dhfm