Pandemia impide rituales del adiós

Deudos no pudieron rendir memoria ni agasajar a sus difuntos, debido al cierre de panteones

Pandemia impide rituales del adiós
SAN LORENZO. Gerardo, su hermana y su madre intentaron ingresar al cementerio para honrar a sus difuntos, pero no fue posible. El hombre encaró a los vigilantes del lugar y debió ser tranquilizado por sus familiares. Foto: Almaquio García

La “nueva normalidad” trastocó no sólo la vida, sino la muerte y los rituales con los que los dolientes se despiden y rinden memoria a sus seres queridos fallecidos.

A las afueras del panteón de San Lorenzo Tezonco, Gerardo, caguama en mano, junto con su madre y su hermana intentaron ingresar para visitar a sus difuntos y arreglar su tumba, pero no los dejaron.

El hombre, molesto, encaró a los encargados de la puerta. Su hermana lo calmó, y tras un momento de tensión, los tres familiares abandonaron el lugar.

Los fallecidos de COVID-19 no tuvieron la oportunidad de tener un “último adios” de familiares y amigos, ayer, durante el Día de Muertos, no fue posible adornar su última morada con flores, copal, papel picado y sus alimentos y bebidas favoritas.

Es el caso de Lázaro Gerardo Amaury Valdez, El Chino, trabajador de la FGR, quien falleció de SARS CoV-2, para recordarlo, sus familiares colocaron una ofrenda en la calle de Chocolín, colonia Paraje San Juan, en Iztapalapa.

Lázaro fue incinerado y sus hijas ya no pudieron verlo, ni mucho menos despedirlo, recordó su hermana Socorro Valdés, quien debió ir al hospital sólo a reconocerlo y de ahí llevarlo directo al horno crematorio.

“Para la familia en general fue difícil, porque ni siquiera sus propias hijas pudieron estar en el momento en el que lo iban a incinerar. Para identificarlo solamente me abrieron segundos una vil bolsa café en el suelo, a la mitad, nada más para que viera su rostro”, relató.

También los vendedores de flores son víctimas colaterales de la pandemia.

Elías Rodríguez, quien lleva 10 años ofreciendo la flor de cempasúchil, rosas, clavelinas, nubes y claveles, entre otras, a las afueras del Panteón Civil de San Lorenzo, señaló que confiaba en que durante temporada de muertos, pudiera recuperarse de las bajas ventas.

“Está muerto. La gente que llega, la regresan a su casa porque no pueden entrar, nosotros no vendemos. Ahorita apenas coloqué un ramo. ¿Qué voy a comer? Ahí tengo mis ramos, no han salido”, exclamó.

 

Por Almaquio García

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