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Tortuoso, encontrar un empleo

El programa Jóvenes Construyendo el Futuro ha sido un viacrucis para quienes viven en zonas marginadas

NACIONAL

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Mauricio Cob Chi tiene 25 años y vive en San Antonio Cayal, Campeche, un pueblo de casas mayas, dos escuelas y menos de medio millar de habitantes situado a 50 kilómetros de la capital, en donde sólo la mitad de las personas mayores de 15 años logra terminar la educación básica. Aún así, el historial académico de Cob Chi es sobresaliente: egresó de primaria, secundaria y preparatoria con promedio de ocho, y terminó la carrera de Administración en tercer lugar de su generación en 2014, en un instituto tecnológico de Calkiní. Las buenas notas le llevaron a ganar un premio de la Universidad de Saint Mary's, en Halifax, Canadá, pero no le sirvieron para encontrar un trabajo. En medio de la falta de oportunidades, el programa Jóvenes Construyendo el Futuro se convirtió en una esperanza para Cob y 16 amigos. Pronto encontraron una serie de obstáculos. Al rastrear opciones, Cob Chi no pudo localizar la empresa donde deseaba emplearse. También descubrieron otras inconveniencias: la comunidad no tiene red de cobertura telefónica y la mayoría de sus compañeros no habían entrado a la plataforma del programa porque sólo tienen correo electrónico y redes sociales a las que ingresan de vez en cuando, porque tampoco hay internet. Cob Chi y sus compañeros no pudieron avanzar para registrarse o para ubicar un centro de trabajo. No encontraron empresas cercanas para evitar que el dinero de la beca se les evapore en transporte, y no habían podido viajar a la ciudad de Campeche para encontrar una caseta y llamar al número que habilitó la Secretaría del Trabajo para atender a los becarios. En 2018, López Obrador convirtió a los jóvenes en los protagonistas de su campaña presidencial. A ocho meses de la elección, la promesa más potente de la campaña es uno de los dolores de cabeza del nuevo gobierno. Las reglas de operación de Jóvenes Construyendo el Futuro fueron diseñadas por el Centro de Investigación y Docencia Académica (CIDE), con un esquema conveniente para centros urbanos con servicios de energía eléctrica, teléfono e internet, pero distante y poco eficaz para miles de jóvenes en municipios marginados. El retraso en el censo de becarios ha encendido las alarmas en el gobierno. La Secretaría del Trabajo ha comenzado a revisar la posibilidad de compaginar el programa con una estrategia para llegar a los municipios distantes. Además, una instrucción de la Presidencia revela la magnitud del problema: todas las instituciones de gobierno recibieron la orden de abrir la puerta para dejar pasar a miles de jóvenes que deben recibir la beca, una computadora y una oficina; todo, en medio de los recortes de personal y la austeridad.   Por WILBERT TORRE