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Todos saben de la bomba

NACIONAL

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TULANCINGO.En esta región del país, el litro de huachicol cuesta 12 pesos y se vende en este municipio y en Huauchinango, Puebla, en bidones que se guardan en las cajuelas de automóviles y así, con esas “bombas de tiempo” van y vienen, por las estrechas calles, sus habitantes. Los lugares de donde se extrae el combustible son de todos conocidos: La Cima, en Huauchinango y Cuautepec, en Tulancingo. Incluso, los vecinos, mientras escuchan en el pódium al presidente Andrés Manuel López Obrador, describen estos sitios como auténticos “manantiales” de combustible, que están a la mano de quien quiera surtirse del ducto que va de Tuxpan-Azcapotzalco, la principal vía de suministro que abastece al valle de México.
“Desgraciadamente así están (esos ductos), como manantiales”, describe el poblano Trinidad Alonso Reyes, ex empleado del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).
Aquí no hay una actividad económica permanente que traiga fuentes de empleo y los jóvenes, además del desempleo, se enfrentan a un creciente problema de consumo de drogas o se rentan como halcones, en el que su trabajo es avisar quién sale y entra de las comunidades. Por esa razón, dice Trinidad, se han extendido las tomas clandestinas y más de una vez han estado expuestos a una tragedia parecida a la de Tlahuelilpan, Hidalgo. En Tulancingo hay un poblado cercano donde reina el huachicol:  y todos saben que ahí se vende el combustible robado. Para Adrián Gayoso, campesino de Tulancingo, el problema del huachicol en la región es de antaño y al igual que el poblano Trinidad, sostiene que por muchos años los técnicos de Pemex fueron cómplices de estos robos y hasta ahora, con la lucha que emprendió López Obrador, se comenzó a ventilar más este contubernio entre la mafia del huachicol y los empleados federales.
“Ahí está el detalle. Tienen culpa los de Pemex porque ellos son los que hacen esas maniobras y saben manejar altas presiones”, consideró.
Por Francisco Nieto  jrr