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Hereda edén en ruinas

NACIONAL

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Este martes, cuando comience a despachar como gobernador de Tabasco, Adán Augusto López Hernández, recibirá un estado convulsionado por la movilización de trabajadores del sector educativo y jubilados que no recibieron a tiempo sus prestaciones laborales de fin de año. El 31 de diciembre llegó a su fin, en la tierra del presidente Andrés Manuel López Obrador, la primera administración surgida de un partido distinto al Revolucionario Institucional, que en 2012 perdió una hegemonía de ocho décadas. La llegada de Arturo Núñez Jiménez a la Quinta Grijalva, hace seis años, apoyado entonces por López Obrador, significó el arribo al poder de la izquierda. Hoy, otro ex priista como Núñez, también apuntalado por el ahora mandatario mexicano, retoma la estafeta que el movimiento de López Obrador le quitó al PRI hace un sexenio. El primer gobierno de la izquierda en Tabasco resultó con mayores saldos negativos que los anteriores del PRI: el de Andrés Granier Melo, que rigió de 2006 a 2012, dejó una deuda de 800 millones de pesos a trabajadores del sector salud; Granier aún está en prisión acusado de desviar recursos del seguro popular a otros rubros. Hace seis años, para salir de la crisis hospitalaria, el gobierno de Enrique Peña Nieto le adelantó participaciones federales a la administración de Núñez. Ahora, el nuevo gobierno de izquierda necesitará al menos de cuatro mil millones de pesos para saldar los compromisos que hereda el primer gobernador que llega a la residencia oficial del estado por el respaldo de López Obrador. Los últimos 15 días de la gestión de Núñez fueron agitados, con protestas en diversos puntos de Villahermosa, encabezadas por maestros y personal del sector salud que hizo de lado a sus dirigentes sindicales para tomar la calle organizados por la necesidad de cobrar sus salarios decembrinos. Luego de que Núñez asegurara que los adeudos a personal de salud y educación no se habían cubierto porque su administración no recibía recursos de la Federación, en su conferencia mañanera del 6 de diciembre, el presidente López Obrador anunció que la Secretaría de Hacienda le adelantaría las participaciones de enero a Tabasco para saldar los compromisos de fin de año con los trabajadores. Pero los recursos nunca llegaron, y las manifestaciones en demanda de pagos se alargaron hasta el último día de diciembre. El domingo 9 de diciembre, durante el anuncio del Plan Nacional de Refinación en el puerto de Dos Bocas, Paraíso, donde se construirá una refinería con una inversión de 165 mil millones de pesos, el presidente López Obrador le dio un abrazo en señal de respaldo a Núñez, cuando era abucheado por empresarios y funcionarios que acudían al acto. Según la Asociación de Proveedores de Tabasco (Provetab), el gobierno del estado les adeuda 700 millones de pesos a empresas y prestadores de servicios.

Por Rodulfo Reyes

Corresponsal

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