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El hombre que habla con difuntos

la técnica para rehidratar cuerpos inventada por un juarense regresa identidades

NACIONAL

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CIUDAD JUÁREZ. Sandra parecía haber muerto de causas naturales. Su cuerpo putrefacto, hallado desnudo en su cama, impedía observar cualquier lesión. Pero la rehidratación de sus tejidos descubrió diversos golpes en todo su cuerpo que evidenciaron una muerte violenta. Los hematomas que escondía la putrefacción que el forense Alejandro Hernández-Cárdenas Rodríguez logró revertir, le permitió a las autoridades de Ciudad Juárez investigar el asesinato de la mujer, cuyo aparente responsable resultó ser su novio. “Los cuerpos hablan”, dice convencido el padre de la técnica que le ha dado la vuelta al mundo: la rehidratación de tejidos blandos presentes en cadáveres momificados y reversión de procesos de putrefacción, con fines forenses de identificación y determinación de causa de muerte, patentada en 2016. Hernández-Cárdenas es maestro de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y perito profesional en odontología forense del Laboratorio de Ciencias Forenses y Servicios Periciales de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua en Ciudad Juárez, donde en 2003 comenzó a practicar distintas fórmulas hasta hallar la combinación que le permitiera regresar a los muertos con sus familiares o encontrar su causa de muerte. “En un diplomado de estomatología legal y forense en la UACJ aprendí técnicas para recuperar pulpejos o yemas de los dedos, y así lograr la huella dactilar para la identificación, con técnicas que se utilizan a nivel mundial desde 1904”, recuerda. Pero al ingresar a trabajar a la Fiscalía de Chihuahua y comenzar a tratar de recuperar los pulpejos para lograr una buena impresión dactilar en los dedos acartonados o momificados, descubrió que no era suficiente. [caption id="attachment_397288" align="alignright" width="300"] Foto: HÉRIKA MARTÍNEZ PRADO[/caption] “No me satisfacían los resultados; las impresiones dactilares que yo lograba no eran de la calidad que yo quería. Entonces empecé a experimentar con químicos para ver si lograba recuperar de una mejor manera esos pulpejos. Y después de 15, 16 meses de estar constantemente experimentando con diferentes fórmulas, diferentes combinaciones; subiendo, bajando porcentajes, con los mismos químicos de las fórmulas conocidas y con otros químicos que, de alguna manera, leyendo yo, veía que podían servir, en base al ensayo y error, encontré la formula”, relata el forense. Recuerda que “tenía varios dedos en frascos en proceso de rehidratación con diferentes fórmulas, y al sacarlos la mayoría no estaban en buenas condiciones, solo uno. Al sacarlo, vi que estaba en muy buenas condiciones, entonces vi que esa era la fórmula que me iba a dar resultados y empecé a trabajar sólo sobre esa fórmula”. Sus primeras reacciones fueron incredulidad y sorpresa, e incluso llegó a pensar que sus compañeros le habían cambiado el dedo acartonado por uno de un cadáver que había ingresado al Servicio Médico Forense (Semefo) amputado, pero al descubrir que sí era el mismo dedo con el que trabajaba se llenó de emoción. Desde entonces, 2004, se ha dedicado a mejorar la formula, para lograr mejores resultados y en menos tiempo. “Puede ser un solo dedo de un cuerpo, a veces son manos, a veces son brazos, otras ocasiones pieles que se encuentran desprendidas del cuerpo, y otras ocasiones cuerpos completos. Cuerpos completos, yo creo que ahorita debemos de llevar unos 40, 60. Y casos, pues ya deben de ser bastantes, algunos cientos de casos”, comenta. EL PROCESO EN EL JACUZZI La momificación y la putrefacción son fenómenos cadavéricos completamente diferentes, la primera es un fenómeno conservador y la segunda destructor. “Algunas veces es muy difícil, y otras imposible, encontrar alguna característica útil para la identificación del cadáver, por lo que su finalidad es rehidratar los tejidos blandos del cadáver momificado o revertir la putrefacción, para tratar de regresarle el aspecto más próximo al natural y poder encontrar características de identificación y de las lesiones que causaron la muerte”, explicó a El Heraldo de México. En sus inicios, un dedo tardaba de dos a tres semanas en rehidratarse, pero actualmente rehidrata todo un cuerpo momificado en un máximo de cinco a siete días, o revierte la putrefacción en un máximo de tres a cinco días, según las características específicas de cada caso. Como resultado, “podemos hallar lesiones traumáticas, pero también podemos encontrar que no hay lesiones traumáticas, que no fue una muerte violenta, y el médico forense se puede abocar a buscar otro tipo de lesiones, como son las patológicas, por alguna enfermedad previa, o diagnosticar enfermedades”, explica. Un cuerpo necesita de 250 a 300 litros de agua y su fórmula, la cual tiene un costo menor a los 100 dólares, asegura mientras comienza el trabajo con un nuevo cadáver putrefacto y a punto de la momificación, con ayuda de dos prodisectores. Apoyados con una grúa que él mismo diseñó y mandó a hacer, sacan el cadáver de la bolsa negra en la que estaba guardado en el refrigerador del Servicio Médico Forense (Semefo), para meterlo a lo que él llama “el jacuzzi”, que consiste en una caja de plástico transparente, la cual sella herméticamente. “Hay que estar observando constantemente, cada 12 horas, luego cada ocho, luego cada seis, cada cuatro, porque los cambios se van dando rápidamente. Cada cuerpo reacciona de manera diferente”, explica. Pese a su avanzado estado de descomposición, ese cadáver queda rehidratado después de cinco días. El rostro del forense se ilumina al descubrir en él tatuajes por todo el cuerpo, los observa y recuerda que esos mismos tatuajes fueron descritos por la hasta entonces presunta madre del hombre que fue encontrado un mes después de muerto. [caption id="attachment_397289" align="alignleft" width="300"] Foto: HÉRIKA MARTÍNEZ PRADO[/caption] “Llega un momento en que están en su punto, en que la piel se ve de lo más normal, y es el momento de sacarlo para poder hacer una buena pericial de todas las características útiles para la identificación, y para que el médico que haya realizado la autopsia venga y haga una ampliación de su dictamen y pueda ya ver las lesiones, porque en las condiciones en las que ingresó el cadáver no pudo encontrar”, comenta mientras lava el cadáver con agua limpia para disminuir el olor. Aunque está cubierto con un cubrebocas, guantes especiales y una bata, el forense parece no sentir el penetrante olor que se desprende más fuerte cuando los prodisectores dan la vuelta al cadáver para que él pueda observar y fotografiar cada uno de los tatuajes que pueden observarse. Un olor que cada vez parece volverse más tolerante, pero que por momentos cala en la garganta y de vez en cuando llega hasta el estómago, para quedarse en la memoria. Hernández-Cárdenas explica que un cuerpo momificado, que no estuvo en putrefacción previamente, recupera en un alto porcentaje su aspecto, su piel, su rostro sus manos. En cambio, la putrefacción destruye mucho los tejidos, por lo que un cuerpo en esas condiciones, se le recupera mucho el volumen, la forma, las huellas dactilares, pero muchas veces no se logra recuperar bien el color de la piel, pero sí características útiles para identificación, como sus rasgos faciales. Esta vez, la entrevista con una familia y la descripción de los tatuajes coinciden con el cadáver rehidratado. Pero además el doctor descubre que tiene diversos hematomas en el cuerpo, lo que indica que pudo haber sufrido una muerte violenta. “Cuando logro encontrar características útiles para la identificación, aunque no sé si se va identificar o no, pues obviamente es una alegría, es un logro. Y si logra identificarse ese cuerpo y logro que se entregue a su familia pues todavía aún más. Y si logramos encontrar causas de muerte, y logramos demostrar que no fue una muerte violenta, también es muy satisfactorio porque lo primero que piensa la sociedad y la prensa es que es un homicidio más y eso obviamente eleva las estadísticas de homicidios de la ciudad”, subraya. Pero también confiesa que “a veces con la colaboración del médico y los peritos de criminalística de campo se logra encontrar la posición víctima-victimario, y con ello la investigación del agente del Ministerio Público y la Policía Ministerial puede llevar hacia un posible sospechoso ante un juez. Y que con nuestras pruebas y trabajo científico logremos demostrar la culpabilidad de él y que sea sentenciado, y sea recluido en una prisión y evitar que siga haciendo daño, es mucho más satisfactorio todavía”. Hernández-Cárdenas ha participado en cientos de cursos, conferencias y eventos forenses con instituciones educativas y autoridades de diversas partes de México, Centroamérica, Sudamérica y Europa. Entre las colaboraciones que ha realizado con autoridades mexicanas se encuentran los estados de Michoacán, Guerrero, Querétaro y Chiapas. Además de que países como Panamá y Argentina están interesados en aprender y ejercer la técnica. Gracias a su trabajo, el próximo 29 de noviembre será reconocido con los Premios Nacionales SER, otorgados por la Organización y Empresa Grupo Daw, Servicios Integrales Inteligentes, a ciudadanos ejemplares.   Por HÉRIKA MARTÍNEZ PRADO/CORRESPONSAL

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