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Historias del sismo: Topos chilenos, los que abren sendas

NACIONAL

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Permaneció por más de cinco horas en la búsqueda de un cuerpo que finalmente encontró en el inmueble que se colapsó en el temblor de 7.1 grados el pasado 19 de septiembre. Sergio Urzúa de 36 años y padre de un hijo de 5 años y otro de 9, pertenece al equipo de rescate Topos Chile, filial de Topos México. “Nos dimos cuenta de la gravedad de lo que sucedía en México y la empresa aérea Latam nos cedió 18 pasajes gratuitos para poder llegar a tierras mexicanas. Ya en el punto del derrumbe nos dividimos en distintos grupos; no podemos accesar todos a la vez, entré ayer a las 10 de la noche y comencé a botar desde arriba todo lo que estuviera suelto para que eso no cayera encima del otro compañero rescatista”. https://www.youtube.com/watch?v=aSxz_WWGaoU “A las dos de la mañana sacamos el cuerpo de un hombre que se pudo rescatar en buenas condiciones físicas, fallecido, pero que no sufrió ningún aplastamiento. Hubo que luchar con fierros para poder sacarlo con la mayor dignidad posible”, dice quien labora también como Cabo 2°en la Unidad de Servicios Especiales Penmitenciarios (USEP), y ha sido voluntario de bomberos durante 17 años. “Se hizo un trabajo minucioso, profesional, con el mayor respeto por la persona que murió, traté de ser empático con sus familiares, tratarlos de calmar; nosotros el equipo Chileno siempre somos los últimos en irnos en todos los rescates que hemos estado, en terremotos, en aluviones, maremotos, y es mucha la experiencia que tenemos”, dijo a El Heraldo de México.   “Ahora en el edificio de Coquimbo quedan siete personas adentro y no nos iremos hasta rescatarlos, seguiremos topeando hasta llegar a ellos, el edificio tenía siete pisos más planta baja, vamos creando los accesos, los túneles, fortificamos las estructuras para que no vayan a seguir colapsando y creamos un escenario seguro para poder seguir y desplazarnos. Vamos fortificando por donde vamos topeando con maderos de 4 por 4; se va creando una caja escala de modo que eso quede asegurado y que nosotros podamos entrar sin ningún problema. Mañana llega nuestro ejemplar canino que trabajó en nosotros en el terremoto de Ecuador con muy buenos resultados en la búsqueda de personas vivas y muertas”. Cada hora aproximadamente su esposa, Daniela Salinas, se comunica con Sergio vía mensaje por celular, y le indica que no olvide que en casa lo esperan ella y sus dos hijos, “dijo que me apoya, que viniera a México, pero que tuviera presente que tengo dos hijos y una familia y que me cuidara mucho”, cuenta. https://www.youtube.com/watch?v=tb17M2NjNAs&t=6s “ Pude entregarle a la familia documentos, dinero, ropa, los bienes del señor que rescatamos…y con eso me quedé tranquilo,con la convicción de que di lo mejor de mi; me dieron un abrazo, de tranquilidad, de agradecimiento porque ya pueden darle sepultura a su ser querido una vez que les entregas el cuerpo. Y el miedo… claro que existe, pero venimos a brindarles nuestra ayuda, nuestros conocimientos y a decirles que tengan mucha fuerza y que van a salir adelante, la fe es lo último que se pierde y como decirnos en Chile … hay que darle con garra, con fuerza gente querida de México. “ “Tenemos que levantarnos nuevamente y seguir con nuestras vidas… les recomiendo crear una cultura ante las emergencias, buscar en sus lugares de trabajo el triángulo de la vida para resguardarse, tomar en serio los simulacros, respétense como personas, siempre con calma al actuar y busquen a un guía en sus equipos de trabajo, en sus oficinas, alguien que les indique por dónde y cuándo salir, cómo proceder, la incertidumbre no ayuda para conservar la calma, debemos administrar la emergencia con líderes que se capaciten ante un terremoto”.   “Te lo digo como Sergio, como persona, da miedo estar ahí, en edificios colapsados, pero el miedo no puede abandonarnos, debe existir, porque cuando se pierde el miedo, pasa a ser peligroso, porque puedo tomar decisiones erróneas que pongan en peligro a mi equipo. Si yo estuviera ante una situación de terremoto me gustaría que hubiera alguien capacitado que me ayudara. Haces tu trabajo, buscas hasta saber que ya no hay cuerpos a rescatar ahí y procedemos a otro edificio”. Sergio tiene que regresar al edificio, la conversación debe interrumpirse porque los puños se han puesto en alto en señal de silencio absoluto. Las máquinas han comenzado a cortar las paredes del edificio de Coquimbo, y las autoridades indican que la gente no camine, para así escuchar quizá una mínima señal de vida entre las ruinas. Aquí, entre cientos de rescatistas sólo los pájaros continúan su paso, su canto incesante. Ellos; no conocen de tragedias. Por Cristina Pérez- Stadelmann / El Heraldo de México

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