Haz tu denuncia aquí

Vivimos el momento más complicado de la relación México-EU: Arturo Sarukhan

El exembajador aseguró que méxico y EU tendrán nuevos encontronazos

MUNDO

·
WASHINGTON. México y Estados Unidos "estamos viviendo uno de los peores momentos de la relación bilateral" desde los 80, estimó Arturo Sarukhán, exembajador de México en Washington, que lo atribuyó tanto a cuestiones personales del presidente Donald Trump como a posiciones del Partido Republicano.
"No creo que el tema esté saldado, ni superado, ni resuelto con la conclusión exitosa de la renegociación del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte)", señaló Sarukhán, que representó a México en EU durante el gobierno de Felipe Calderón, en una entrevista con El Heraldo de México.
  Verónica Ortiz (VO).- ¿Estamos atravesando por el momento más difícil de la relación México-Estados Unidos en la historia reciente? Arturo Sarukhan (AS).- Ciertamente ha habido dos nadires en la relación bilateral en tiempos modernos. El primero se dio a la mitad de los ochentas cuando ocurrieron dos hechos, uno de los cuales no tenía nada que ver con la relación como tal. La razón exógena es que en los ochentas chocaron dos visiones contrapuestas y divergentes sobre Centroamérica. Para México en esa época, Centroamérica era el tema más importante de política exterior y con el gobierno de Ronald Reagan inserto en un momento de recrudecimiento de la Guerra Fría, lo que estaba ocurriendo en Centroamérica con la revolución Sandinista, con la guerra civil en El Salvador, con el conflicto en Honduras, se convierte en uno de los ejes más importantes de la política exterior estadounidense. Entonces, por primera y quizá única vez en tiempos recientes, la principal prioridad de política exterior de México choca con la política exterior de EU y genera, tanto en lo bilateral como en foros multilaterales -Naciones Unidas, OEA y otros mecanismos regionales y subregionales- un choque de trenes sobre cómo entender y aproximarse a los retos que presentaba Centroamérica en aquel momento. Aunado a esto, en 1985 se da un acontecimiento que acaba descarrilando la relación bilateral: el secuestro, tortura y asesinato de Enrique Camarena, agente de la DEA en México, que colapsa todo el andamiaje de la relación en su conjunto. A partir de de ahí tenemos básicamente dos décadas en las que si bien no se está exento de problemas, de dificultades y de tensiones, ciertamente naturales a una relación tan asimétrica como la que hay entre Mexico y EU en términos de poder,  la relación adquiere dirección y tracción estratégica. Primero impulsada por la negociación del TLC , luego por los efectos colaterales del 11 de septiembre y la convicción mexicana y canadiense de que para seguir construyendo este andamiaje comercial y económico, la seguridad fronteriza y la cooperación en materia de seguridad e  inteligencia, tenían que ser un componente fundamental en la relación. Esos dos eventos: el 9/11 y la aprobación del TLC  empiezan a modificar la relación de manera muy importante, donde  indistintamente del signo de los gobiernos en México o en EU, ambos entendieron que había que invertir capital estratégico, diplomático a largo plazo entre los dos países y que ambos eran una especie de gemelos siameses en donde el éxito de uno implicaba el éxito del otro y viceversa, los fracasos de uno eran retos y fracasos del otro, hasta que llegamos a Donald Trump (DT). Este es el segundo nadir en la relación bilateral moderna, (originada) por razones personales y de negocios. Para él la relación con México es un tema personal, por los desarrollos de bienes raíces que fracasaron en Baja California y en la Rivera Maya, más el tema del concurso de Miss Universo donde le fue mal y entonces toda su visión está animada por una animadversión personal importante que luego se convierte en un tema de réditos político-electorales cuando tres de sus banderas: el TLC como el “peor acuerdo en la historia de EU”, la seguridad fronteriza y el muro pagado por México, y el espejeo de los migrantes como violadores y escoria, hacen que la relación se desgarre sobre todo a nivel del tono muscular y el sentido de visión estratégica. Amén de los esfuerzos que funcionarios mexicanos y estadounidenses hacen por evitar que el daño que Trump genera a la relación se profundice y se amplíe. Ciertamente estamos viviendo uno de los peores momentos de la relación bilateral -desde el punto de vista de la visión y discurso que emana hoy de la Oficina Oval- desde los ochentas. Y no creo que el tema está saldado, ni superado, ni resuelto con la conclusión exitosa de la renegociación del TLC. Es decir, las banderas antimexicana, antiinmigrante de Trump y de un sector del partido Republicano, como vamos a ver dolorosamente entre ahora y las elecciones de noviembre, no van a desaparecer y el reto para el gobierno saliente y para el que viene ha sido y será cómo blindar la relación bilateral de este golpeteo, del daño estructural que Trump ha generado y, sobre todo, del daño en las percepciones públicas. No hay que ser premio Nobel de ninguna disciplina para entender por qué México es el país del mundo en el que más ha caído la percepción favorable sobre EU entre el final de la administración Obama y lo que va de la administración Trump.   VO.- Trump tiene fascinación por los hombres fuertes y el poder. La elección de López Obrador (LO), por el margen de victoria que obtuvo, hizo voltear a Trump y captar su atención. Y lo que ha habido es un intercambio de elogios mutuos. LO incluso lo llamó “estratega visionario”. ¿Va a durar esta luna de miel? ¿Cuáles serían los factores que podrían hacer estallar la relación? AS.- Yo escribía en un editorial del Washington Post días después de la elección en México que LO debía usar su fortaleza, derivada del mandato de las urnas, su mayoría en el Congreso, como una señal de interacción futura con DT precisamente por lo que tú dices. Trump es un hombre que huele la debilidad, identifica y se relaciona con la fortaleza. Claramente, con una victoria electoral tan contundente era importante que López Obrador la pudiera utilizar como carta de presentación con Trump. Habiendo dicho eso, reconociendo que hoy por hoy ambos mandatarios han sido muy cuidadosos en alabarse el uno al otro y que, efectivamente, la renegociación exitosa del TLCAN elimina un frente de fricción que el próximo gobierno quería evitar en la medida en que pidió al gobierno saliente que se lograra cerrar la negociación antes del 1º de diciembre para no tener una negociación abierta gobierno a gobierno con Trump, precisamente por lo que comentábamos, se antoja muy difícil que la visión del presidente Trump sobre la relación con México, los factores como la política migratoria de ambos países, la política de combate a las drogas ilícitas, asuntos globales o regionales, no vayan a causar tensiones. El tema del muro pagado por México, las políticas xenófobas y nativistas en materia migratoria, de separar padres de hijos menores en la frontera, el argumentar ante su base que de alguna manera ha logrado construir el muro y se lo está cobrando a México vía las remesas, o un incremento en el costo de las visas. Es decir, el presidente Trump va a regresar, en algún momento entre ahora y su probable decisión de buscar la reelección, a pivotear sobre temas que le redituaron electoralmente, de los que no se va a desprender y hay que tener bien claro que, por muy importante que sea la exitosa renegociación del TLC, eso no quita de la mesa el peligro y la posibilidad real de un encontronazo con el gobierno estadounidense en el futuro muy cercano. La gran pregunta es cómo se posiciona el próximo gobierno mexicano para enfrentar esta realidad y seguir blindando y generando mecanismos de contención del día a día de la agenda bilateral que la hacen la más rica, más amplia, pero a la vez más compleja que un par de países pueden tener en el mundo. Entonces, por mucho que ahora la decisión sea buscar evitar un foco de confrontación con Trump, éste va a llegar queramos o no, nos guste o no.   VO.- Estamos a escasas semanas de las elecciones de medio término aquí y después de tres victorias políticas al hilo del presidente Trump: renegociación TLC, cifras económicas positivas como tasa de desempleo y ratificación del juez Kavanaugh como ministro de la Suprema Corte, ¿cambia el escenario y la posición de los Republicanos? AS.- Sin duda estos tres acontecimientos marcaron la mejor semana de la administración Trump. Sin embargo, fue rápidamente eclipsada primero por la renuncia de su representante permanente ante la ONU, Nikki Haley, una de las pocas funcionarias que mientras defendía al presidente también lograba presentar una cara ligeramente distinta de EU en las Naciones Unidas en temas importantes de política exterior, que además se da justo después de que el Presidente envalentonado por su victoria de ratificación del juez Kavanaugh, vuelve a atacar a la Dra. Ford quien lo había acusado de acoso y abuso sexual. A muchos analistas no se les perdió esa coincidencia. Segundo, porque la realidad geopolítica es muy terca y la debacle que representa DT para el diseño y ejecución de la política exterior estadounidense está empezando a cobrar fracturas. Lo vimos de una manera brutal, justo después de la semana victoriosa de Trump, en tres frentes relacionados con gobiernos de países que Trump ha buscado no confrontar. Uno es Rusia, luego de que una investigación de la inteligencia británica y holandesa divulgó que la inteligencia militar rusa (GRU) hackeó computadoras y bases de datos de la organización dedicada a la vigilancia y escrutinio de armas químicas y bacteriológicas en los casos del disidente ruso envenenado en suelo británico y de la verificación de armas químicas del gobierno de Bashir Al Assad en Siria. El segundo es China y la “desaparición” del director de la Interpol, primer nacional chino designado para encabezar una organización multilateral, ahora bajo arresto domiciliario e investigación en China. Y tercero (Arabia Saudita), la tragedia todavía en desarrollo del periodista saudí Jamal Khashoggi del Washington Post y residente legal en EU,  detenido en el consulado de su país en Estambul, aparentemente torturado y asesinado, según las autoridades turcas, por el propio gobierno saudí.   Estos tres acontecimientos han detonado aquí en Washington un brutal debate en torno a cómo está conduciéndose en lo internacional este gobierno, cómo el vacío que Trump ha dejado en una serie de frentes multilaterales y globales para EU se está ocupando y se están dando espacios para actitudes enormemente preocupantes para un sistema internacional de siglo XXI basado en reglas. Estos temas apuntan al vacío brutal que está generando este presidente en términos de la huella global estadounidense. La gran pregunta es si la combinación de estos factores va o no a modificar las posibilidades político-electorales de los dos partidos de cara a las elecciones intermedias. Pareciera que la parte internacional no; aquí y en todos lados los temas de política exterior generalmente no decantan las elecciones y esta no va a ser la excepción. Pero el tema de Kavanaugh está teniendo un efecto dual y paralelo y le está dando a los republicanos la opción real de mantener su control en el Senado, porque los escaños tanto republicanos como demócratas en estados conservadores que votaron por Trump estarían inclinándose hasta hoy por el partido Republicano, lo que hace aún más difícil la posibilidad de que el partido Demócrata recupere el Senado. Pero en la Cámara de Representantes parece que la movilización que se está generando sobre todo a nivel distrital y de circunscripción electoral sí le podría  garantizar al partido Demócrata la mayoría y el control. Por lo tanto, la pregunta es qué tan amplia o no va a ser la mayoría demócrata en la Cámara, aunque hay que tener cuidado porque en las encuestas a nivel nacional hay errores y lagunas, pero si ves las encuestas de distritos electorales reñidos, parece que ahí está habiendo efectos. Repito, la interrogante va a ser por cuántos escaños obtiene la mayoría el partido Demócrata aunque te soy sincero, a estas alturas y después de lo que ocurrió en el 2016, no descarto que el propio partido Republicano se vaya a llevar la sorpresa de que logró mantener el control de la Cámara.   VO.- Como toda elección intermedia, esta será un referéndum hacia el gobierno. AS.-  Por supuesto. Y en toda  elección intermedia siempre,  históricamente, el presidente y el partido en el poder han perdido escaños.   VO.- Incluso presidentes con mayor aprobación que Trump han perdido el Congreso. Pero podría suceder algo inédito ahora… AS.- Y todavía está poco claro si vamos a ver un estrecho margen, una oleada o un tsunami demócrata.   VO.-Para el partido Demócrata está difícil la recomposición; no hay liderazgos muy claros a nivel nacional, si bien Bloomberg anunció su afiliación al partido o Joe Biden está haciendo algún intento, ¿sería muy poco, muy tarde? AS.- Sin duda, si el partido Republicano logra el escenario poco probable pero no descabellado de mantener su mayoría en ambas cámaras, esto va a fortalecer las aspiraciones de reelección del partido, va a evitar una sangría de republicanos que empiecen a denunciar al presidente o incluso a contemplar, como podría hacerlo Nikki Haley, en el escenario de una debacle en noviembre, preparar una candidatura contestataria al interior del partido Republicano para arrebatarle la nominación a Trump. Si el partido Demócrata gana la Cámara, sobre todo con una victoria holgada, esto va a ser el banderazo de salida para una serie de demócratas que están evaluando si se lanzan o no. El gran problema que enfrenta el partido Demócrata es que hoy tienen la mejor tonada pero todavía no encuentran la letra de la música ni quién la va a cantar. El hecho de que Mike Bloomberg básicamente se haya destapado anunciando su registro como votante demócrata coloca una pica en Flandes; es decir, lo posiciona automáticamente como uno de los polos  del arco ideológico del partido demócrata frente a los grupos más radicales o progresistas que están jalando al partido más a la izquierda. Pero va a haber otras voces, algunas de ellas ya conocidas como Biden, de senadores de primer cuño como Kamala Harris o Cory Booker y de otras figuras como Beto O´Rourke en Texas que, si lograse el campanazo de ganarle a Ted Cruz y robarle su escaño, inmediatamente se convierte en uno de los candidatos a vencer. Aún perdiendo, va a lograr el reconocimiento nacional y una visibilidad que lo van a insertar dentro de la fila de candidatos “B” para la nominación del partido Demócrata. El reto ahora va a ser cómo atemperan este corrimiento hacia el extremo de la misma manera que hemos visto en los últimos 10 o 15 años un corrimiento a la derecha en el partido Republicano y cómo articulan una estrategia. Es decir, el gran peligro para los demócratas en el camino a la elección intermedia de noviembre son las ofertas y narrativas de todos colores. Hay gente pidiendo que sea abolido el ICE (autoridad migratoria), con lo cual le están dando a los republicanos una plataforma maravillosa para volver a poner el tema de la migración en el centro de sus campañas y va a generar embates muy duros. Hasta los más centristas que están denunciando las políticas de identidad y de valores sociales, como la columna vertebral de la oferta demócrata. Pero no hay alguien que claramente despunte; falta todavía mucha coordinación interna como es lógico en un proceso de elección legislativa, donde toda política es local y el tono, la narrativa y la oferta de campaña va variando mucho. La gran prueba va a ser en función de lo que ocurra en noviembre, cómo empiezan los demócratas a articular esa narrativa de cara al 2020.   VO.- Para concluir  ¿qué papel va a jugar México en estas campañas? AS.- En México tiene que haber una conciencia muy clara de que estos años, a partir de  la visita de Trump a México, de la carta del Presidente Electo al Presidente estadounidense después de su victoria, de las percepciones (estemos de acuerdo o no) sobre si le hemos dado una victoria tempranera a DT con la renegociación del Tratado, han dejado un saldo negativo con el partido Demócrata. Los demócratas juegan un papel fundamental en el eventual proceso de ratificación del nuevo Tratado de libre comercio, porque el tema no se acabó con la renegociación trilateral exitosa. Falta el bazar político, electoral y de votos que implica el proceso de debate y ratificación legislativa, y que me tocó vivir a mi como como secretario particular del embajador mexicano en EU en el ´93. Ese debate en el Congreso estadounidense va a ser complicado y va a tomar a un gobierno mexicano que apenas viene entrando, que va a tener que aprender rápidamente a jugar ese juego muy complejo en Washington y en el Capitolio. Y el papel de los demócratas va a ser fundamental. Hay que entender que la relación bilateral, más allá del gobierno federal en Washington, se debe construir en los estados y en las ciudades donde México tiene comunidades diáspora, agendas comerciales, agendas políticas, y gran parte de esos estados y ciudades están controladas por el partido Demócrata. En México a veces se comete el error de pensar que la relación se debe construir con el partido que está en el poder en la Casa Blanca. El partido Demócrata, los políticos demócratas y el liderazgo demócrata están resentidos de alguna manera con México; pero van a contar y van a contar mucho no sólo para la ratificación del TLC sino para  otros temas de la agenda bilateral, empezando por el muro donde, por ejemplo, la minoría demócrata ha sido la que ha obstaculizado la asignación presupuestaria a Trump para construirlo.   Por Verónica Ortiz jrr