La guerra desde un mirador

MUNDO

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Desde la cima del Monte Bental, en los Altos del Golán, se puede ver Quneitra, una ciudad de Siria que luce totalmente destruida por la guerra que ese país sostiene con Israel. La devastación es notoria a simple vista, pero si uno quiere observar a detalle fachadas de casas destruidas, cúpulas derruidas o calles desoladas se pueden introducir cinco shekels (30 pesos mexicanos) a una base que sostiene binoculares que por minutos te permiten contemplar los estragos de la guerra. Incluso, hay instantes en que se pueden presenciar las batallas entre los grupos rebeldes que pelean en Siria. En las últimas cinco décadas este sitio ubicado en la cercanía del Mar de Galilea, por donde Jesús caminó sobre el agua, según la tradición cristiana, fue escenario de importantes batallas que marcaron a estos dos pueblos: la Guerra de los Seis Días (1967) y la de Yom Kipur (1973). Israel, luego de estas guerras con los pueblos árabes de la zona, creció sus delimitaciones territoriales creadas después de la Segunda Guerra Mundial, lo que fue rechazado por el pueblo sirio, quienes acusan a sus vecino de pretender dominar todo ese territorio de Oriente Medio. Ahora este lugar volcánico que Israel conquistó y que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) llaman territorio ocupado, es un observatorio, y desde ahí soldados locales y aliados del pueblo israelí usan tecnología militar de punta para monitorear al enemigo. Pero este lugar, con grandes paisajes, también sirve para que el turismo local e internacional viva una experiencia de guerra, pues están abiertos al público los búnkers, los pasadizos bajo la tierra y zonas de tiro que fueron usados en las principales batallas. Así, entre escenografías reales y montadas que simulan una batalla con el enemigo sirio, se vive un día común en esta región de Israel, la cual sigue siendo considerada de alta peligrosidad, pues hace un mes el ejército israelí “interceptó” un dron que sobrevolaba la región. Además, Los Altos del Golán son la ruta de ciudadanos sirios que buscan auxilio médico en territorio adverso, pues las precariedades de su país los orillan a buscar refugio en Israel. “¿Por qué hicimos de este lugar un sitio así?” se autocuestiona un soldado del ejército de Israel, que está en la zona para asistir a refugiados heridos, “porque no vamos a parar nuestra vida. Acá vivimos y por eso protegemos así la zona”.
Respecto a los sirios que van a este borde en busca de ayuda, el mismo soldado relata que hay dos formas de atender la situación de quienes se acercan a su frontera.
La primera, agrega el militar, tiene un sentido humanitario, pues desde lejos -con la tecnología que usan- pueden determinar si la persona viene herida o con algún tipo ayuda, de otra manera el caso escala a un tema seguridad y “cualquier cosa puede suceder”. Y es que a 30 kilómetros de la frontera con Siria se ubica la ciudad bíblica de Safed, donde se encuentra el Hospital Ziv Medical Center, lugar que tiene una sección para atender refugiados heridos.
Mira el video Muestran a turistas devastación en Medio Oriente En este nosocomio, el director del departamento de Cirugía Oral y Maxilofacial, el doctor argentino Alejandro Roisentul, atiende a estos pacientes sirios, quienes ven a los israelíes, como “el diablo”, sin embargo, explica que con el paso de tiempo la situación se torna mucho más amable para luego convertirse en una relación paciente-doctor.
El gran problema de Siria es que los médicos ya no están ahí. Ya no ejercen ahí. La zonas cercanas a Israel no tienen doctores, por eso ellos vienen aquí a que los tratemos, relató el médico argentino. El doctor Alejandro, quien es un porteño que decidió salir de su país para establecerse en Israel, relató que en ese mismo lugar donde atiende sirios sobrevivió a los estallidos de las bombas. “Llegaban a sonar las sirenas entre 20 y 40 veces al día... cayeron 100 misiles 40 días seguidos”, recordó el doctor, quien señala la cama en la que durmió durante ese periodo de lucha con los pueblos árabes.
Pese a todas estas experien- cias complicadas de esta guerra, el doctor Alejandro se sinceró y agregó que nunca le pasó por la cabeza regresar a Argentina, pues él ya pertenecer a esta región bíblica de Israel. Unos pisos arriba de la oficina del doctor Roisentul están en una habitación dos ciudadanos sirios con heridas de guerra y que están siendo atendidos por médicos israelíes. El lugar está aislado, en una de las esquinas del hospital, hay elementos de seguridad resguardando la puerta de la habitación a la que sólo entra, por la ventana, la luz del sol. Desde la venta se pueden observar un estacionamiento y una bandera de Israel que no deja de ondear. La condición para hablar con ellos es que no se puede fotografiar sus rostros, ni pueden ser videograbados, por seguridad de ambos. Sólo se pueden hacer fotos de sus heridas. A uno de estos dos pacientes se le partió la pierna luego que una bomba cayó cerca de una camioneta con fruta. No había forma de atenderse en su país y decidió pedir ayuda a Israel. Tiene 33 años de edad, pero parece del doble. El otro chico, estudiante de Derecho, también tuvo una experiencia de guerra en la estuvo a punto de que le amputarán una pierna, pero agradecido -dijo en árabe- se la salvaron.
Son dos instantes de esta guerra de Oriente Medio. Una, la de los heridos hospitalizados en territorio enemigo, y otra que muestra a visitantes la devastación. Sin embargo en ambos casos hay una sola realidad: nada es seguro en este sitio y en cualquier momento todo puede cambiar y comenzar a sonar las sirenas, que indican que está a punto de caer un misil.
  Por Francisco Nieto