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Se venden para subsistir

MUNDO

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La crisis econo?mica ha empujado a las venezolanas a buscar alternativas para hacerse de dinero suficiente para llevar alimento a sus familias, una de ellas es la prostitucio?n. Mujeres de distintos estratos sociales, incluso profesionistas, cruzan la frontera con Colombia para ofrecer sexo por algunos billetes, un resultado de la revolucio?n bolivariana. Esto “por supuesto que esta? ocurriendo y es para muchas mujeres muy cri?tica la situacio?n de seguridad y condiciones de vida; lo que no sabemos es la magnitud y el nu?mero de mu- jeres; como siempre, el eslabo?n se rompe en la cadena que esta? en condiciones de mayor vulnerabilidad”, indico? Olga Amparo Sa?nchez, activista e investigadora de la Casa de la Mujer en Colombia, a El Heraldo de Me?xico. Aunque no hay cifras oficiales sobre este feno?meno de reciente aparicio?n, su presencia ha saltado a tal punto que la Corte Constitucional colombiana emitio? un fallo para dar visa de trabajo a estas mujeres que arriban al pai?s. En abril de este an?o, el ma?ximo tribunal prohibio? las deportaciones masivas de venezolanos y los magistrados indicaron que el Estado debe otorgarles visa laboral a las trabajadoras sexuales, tambie?n tiene la responsabilidad de averiguar si el oficio se ejerce por voluntad propia o por trata de personas.

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El Sindicato de Trabajadoras Sexuales de Colombia (Sintrasexco) calcula que hay, al menos, unas cuatro mil 500 venezolanas ejerciendo la prostitucio?n en ese pai?s. En ciudades como Cu?cuta, incluso se reporta que las venezolanas esta?n desplazando a las colombianas en el negocio, debido a su atractivo fi?sico; algunas mujeres imitan el acento venezolano para atraer ma?s clientes.
El diario estadounidense El Nuevo Herald reporto? que maestras, ingenieras y hasta doctoras ofrecen sexo en Colombia; tambie?n lo hacen algunos hombres. Christian Kru?ger, director de Migracio?n Colombia, ha reconocido el drama humano que representa que personas profesionistas de Venezuela este?n ejerciendo la prostitucio?n. “Por la crisis que esta? viviendo el hermano pai?s de Venezuela se incremento? el nu?mero de trabajadoras sexuales de este lado de la frontera”, declaro? el funcionario en agosto pasado. Para admitirlas en los prosti?bulos locales se les solicitan exa?menes de VIH y otras enfermedades de transmisio?n sexual (ETS), nada se les cuestiona sobre su situacio?n migratoria.
La investigadora Olga Amparo Sa?nchez lamento? que “no existe en la actualidad investigaciones serias que nos permitan saber la magnitud del problema y su articulacio?n con la trata de personas. “El problema se ha politizado, en el mal sentido de su significado, pues el ejercicio de la prostitucio?n tiene un sentido poli?tico en nuestras sociedades patriarcales, para nosotras es una de las expresiones de la esclavitud sexual en el patriarcado”, sen?alo?.   Las venezolanas que se prostituyen en Colombia esta?n expuestas al abuso policial, discriminacio?n en centros de salud y maltratos por su condicio?n migratoria. En la ciudad de Bogota?, por ejemplo, los polici?as cobran entre 20 mil y 50 mil pesos a las prostitutas para dejarlas trabajar. En ese pai?s, segu?n la Organizacio?n para la Equidad de Ge?nero, se calcula que hay unas 24 mil mujeres que venden su cuerpo, a las que se suman las recie?n llegadas venezolanas.   De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en Venezuela se vive una crisis humanitaria “extremadamente severa”, que esta? causando importantes movimientos migratorios a pai?ses vecinos, Colombia y Brasil, principalmente.
El hambre ha llegado a tal grado que los venezolanos han recurrido al robo de animales de zoolo?gicos para consumo humano. Incluso, el presidente Nicola?s Maduro lanzo? su “Plan conejo” para introducir la cri?a de este animal en las zonas popu- lares y asi? garantizar el consumo de protei?na animal. Segu?n un informe de Migracio?n Colombia, unos 470 mil venezolanos emigraron en los u?ltimos an?os, la mayori?a de for- ma irregular, debido a la crisis poli?tica, econo?mica y social que se registra en su nacio?n. Por Alejandra Martínez