Un adiós especial

En el cierre de los Juegos Olímpicos se olvidaron las enemistades y sucedieron inauditos actos de buena fe

DESPEDIDA. El marcador electrónico del Olímpico
anunció la cita de los Juegos de 1972.  Foto: AP
DESPEDIDA. El marcador electrónico del Olímpico anunció la cita de los Juegos de 1972. Foto: AP

Pasaron 15 días desde que Enriqueta Basilio encendió el pebetero para que, de nueva cuenta, el Estadio Olímpico Universitario recibiera a los contingentes del mundo que compitieron en México 1968. Hace 50 años de esa última reunión, llena de actos emotivos en lo que fue el último adiós al fuego olímpico.

Según Alejandro Ortega San Vicente, secretario general del comité organizador, aquella noche del 27 de octubre de 1968 el estadio estaba lleno. Una señora gritaba incesante: ‘¡Que nos dejen pasar, señor Presidente!’, refirió el exdirectivo. Las puertas del túnel superior se abrieron y la señora, en compañía de cientos de personas, entraron ordenadamente (…) regresé al Palco de Honor a informar al Presidente (Gustavo Díaz Ordaz) y preguntó: ‘¿Cuántas personas quedan afuera?’. Unas ocho mil, mire: ‘Que se abran todas las puertas del estadio para que entren todos los que quepan’, refirió Ortega San Vicente que así dijo el presidente.

Con un protocolo inédito, aquellos sin boleto entraron gratuitamente a formar parte de la historia; algo imposible hoy en día, ante los altos costos de boletos, las altas medidas de seguridad y los riesgos de ataques a las ceremonias.

Por KATYA LÓPEZ 

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