Se apaga la voz del Estadio Azul

Con la casa de la Máquina Celeste se van décadas de recuerdos y se abre la incertidumbre para sus trabajadores, incluidos los primeros

Se apaga la voz del Estadio Azul

Entre los trabajadores del Estadio Azul, el último partido de Cruz Azul –antes de su demolición-, es el fin y comienzo de otro camino. Algunos discuten si es mejor irse, como un visitante ajeno, o si se trata justamente de lo contrario. Todo es discutible menos la vida que han pasado ahí, generando costumbres, sentimientos y fidelidades. El cierre definitivo de esta cancha de futbol involucra por última vez la función de cada uno, en pasillos, palcos, puntos de venta y áreas de mantenimiento. Pero, sobre todo, en la cabina de transmisión, donde el mensaje de bienvenida será el mismo de hace 22 años: ‘Amables aficionados, bienvenidos al Estadio Azul, un estadio… familiar’.

Desde ahí, y a partir de la llegada de La Máquina en 1996, la voz de Heriberto Vázquez pasó a ser también la del sonido local. Nadie sabía, entonces, cómo operar el estadio. Era peligrosísimo, estaba muy mal. No había asientos, nada. El primer partido me mandaron a una esquina, a presentar a los equipos. Luego, todo fue para adelante, recuerda. Tú ibas al parque del Seguro Social o al Estadio Azteca y percibías dónde estaban los baños, a 40 metros de distancia. Olían muy mal. En el Azul, en cambio, con la inversión que le hizo la directiva, podías comerte una torta en el baño. Todo el mundo lo sabe.

El paso del tiempo señala que el futbol terminará este sábado para el Estadio Azul, después de 44 temporadas de Liga. Durante ese lapso, la voz del sonido local se dejó de escuchar varias veces, sobre todo en las finales perdidas: contra el Pachuca, en el Invierno 1999; y ante el Monterrey, en el Apertura 2009.

Lo peor que me pudo pasar, fue proclamar campeón al equipo rival. Había que hacerlo por decencia, porque represento a una institución seria y, sobre todo, respetuosa. Nos queda un hueco grande de esos partidos. Los autogoles, en cambio, no los mencionaba. Más por una cuestión personal, que por indicaciones de la directiva. Era sufrir y gozar con Cruz Azul. Se convirtió en parte de mi vida.

Pocos saben lo que va a ocurrir a partir del sábado, cuando termine el juego contra el Morelia. Desconocen si la directiva tiene preparado algo para ellos o si, por el contrario, terminarán llevando sus cajas de cartón a un nuevo trabajo.

Nadie nos ha dicho nada. Probablemente, tengamos estos días una reunión con la directiva. Ocesa es una empresa muy grande, puede acomodarnos en otras áreas. Pero el día a día, que era ir al estadio, se acabó. El Azteca, por otro lado, está bien cubierto en la parte del sonido local. Si no es con Don Melquiades, que ya se está retirando, está Francisco Reyes, de una extraordinaria voz. Hay mucha gente que se acerca y nos dice que deberíamos seguir, por aquello de la identidad. No sé cómo vaya la negociación.

En la Copa Libertadores de 2001, en los partidos contra River Plate y Boca Juniors, Cruz Azul rentó el Coloso de Santa Úrsula y prescindió de sus entonces trabajadores; entre ellos, Heriberto Vázquez, que vio a Don Melquiades Sánchez Orozco mantenerse en los micrófonos del sonido local. Tranquilamente podrían hacerlo de nuevo.

Una vez que finalice la participación de La Máquina en el torneo, y que se lleve a cabo el Tazón México III, el evento multitudinario que cerrará las puertas de este recinto será la celebración del Día de la Santa Cruz, el 3 de mayo, en el cual asistirán integrantes de la Cooperativa del equipo.

La razón de la nostalgia, es por los años que se fueron. Por esas historias que ocupan varias líneas de alegrías y tristezas, en la biografía de los que son aficionados al equipo.  Es natural, para ellos, sentirse desolados. Nada sobrevivirá, ni las tribunas ni los palcos. Salvo los recuerdos.

 

POR ALBERTO ACEVES

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