Recinto revolucionario

Conoce la historia del escenario que vivirá sus últimos eventos oficiales este fin de semana

Foto: Archivo/ Cuartoscuro
Foto: Archivo/ Cuartoscuro

Apostó por el futuro y modeló para éste un coloso. Sus ideales, gestados en la Revolución Mexicana, le permitieron a Modesto C. Rolland colocar el pilar de una metrópoli deportiva. De ese sueño emergió, en 1946, el Estadio Olímpico de la Ciudad de los Deportes, hoy conocido como Estadio Azul.

A casi 72 años de la hazaña, el trabajo del ingeniero civil nacido en La Paz, Baja California, es recordado por su descendencia. Su nieto, el también ingeniero Jorge Rolland, lamentó la despedida del recinto de la colonia Nochebuena, que tendrá sus últimos eventos deportivos oficiales el sábado, en la Liga MX, y el domingo, en la final de la Liga de Futbol Americano.

Para mí es muy penoso esto. Lo que me aflige y me apena es que las cosas que tienen un valor especial, intangible, histórico, de tradición, y de tantas cosas que le dan a la ciudad, den paso a centros comerciales. No puede ser, comentó con tristeza Rolland Constantine.

A su abuelo se le conoce como un pionero en el uso del concreto armado; fue bajo esta técnica que se construyó el hoy Estadio Azul, primer recinto deportivo en México de esta especie.

Lo revolucionario en este sueño fue aprovechar el terreno para sacarle provecho, porque literal era un agujero; además, esto se hizo en tiempo récord (seis meses) y bien, acotó.

Junto a la Plaza de Toros México, estas obras llevan ya 72 años terminadas; ha habido terremotos, multitudes, lluvias, mítines, lo que usted quiera, y ahí están, señaló el también autor del libro Modesto C. Rolland: Constructor del México moderno.

El proyecto inicial, gestionado por el empresario yucateco Neguib Simón, pretendía construir una gran ciudad deportiva que, además de la Plaza de Toros y el estadio, tendría alberca olímpica, frontón, canchas de tenis, arena de box y lucha libre, así como restaurantes.

En el plan maestro se ve que era un proyecto muy ambicioso, un lugar único para el deporte en la región de Latinoamérica. No se había concebido algo así. Finalmente, no se concretó porque se acabó la inversión.

Pero la obra de Modesto Rolland fue más allá de la construcción, pues además de involucrarse en la política nacional durante la Revolución Mexicana, fungió como ministro de Comunicaciones durante el gobierno de Venustiano Carranza, y fue director de El Heraldo de México, que se publicó en 1919.

La monumentalidad y el secreto del Estadio Azul recae en el esfuerzo que implicó construirlo, más de 10 mil trabajadores estuvieron en él, mencionó Jorge, hoy de 78 años.

Mi abuelo fue un revolucionario. Él pensaba mucho en el bienestar del país, en la modernización y el progreso, agregó divagando en el ocaso de este recinto histórico.

POR ALEXIS HERNÁNDEZ

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