Nostalgia en el arco

El exportero Jean-Marie Pfaff y la princesa Astrid de Bélgica coinciden en México y reavivan viejos recuerdos

A los reflejos de Jean-Marie los alcanzaron los años. De un punterazo, la princesa Astrid buscó el ángulo, sin suerte, y provocó su rebote
A los reflejos de Jean-Marie los alcanzaron los años. De un punterazo, la princesa Astrid buscó el ángulo, sin suerte, y provocó su rebote FOTO: Nayeli Cruz

El encuentro entre Jean-Marie Pfaff, el legendario portero del Mundial de México 86, y la princesa Astrid de Bélgica sucedió delante de una portería. De tacón y vestido, su alteza real remata el balón desde el punto de penalti, como nunca ante la vieron, y echa a andar los recuerdos de Pfaff, que vuelve a ponerse los guantes y da vuelta al pasado.

En mi corazón se quedó este país, su gente, su manera de vivir el juego, el ‘México, México, ra ra ra’. El Mundial de 1986 fue maravilloso. Fueron muchos años de trabajo. Yo trataba de ser el mejor portero del mundo. Enfrenté a jugadores como Diego Maradona, que eran superiores a todos, afirmó, maleta en mano, en el marco de un evento organizado por la Embajada de Bélgica.

A los reflejos de Jean-Marie los alcanzaron los años. De un punterazo, la princesa Astrid buscó el ángulo, sin suerte, y provocó su rebote. Eso, en otros tiempos, contra rivales como la Argentina de Diego Armando Maradona, era algo prohibido.

Nosotros, ‘De Rode Duivels’ (Los Diablos Rojos), fuimos los que pusimos a la selección de Bélgica en el mapa del futbol mundial, señaló, firme en sus ideas, al tiempo que tres de las camisetas más especiales de su carrera rondan la escena del campo.

La primera es de la selección argentina. Me la regaló Maradona, después del partido de semifinales (perdió Bélgica 2-0). Aunque se la pidieron, él siempre dijo que era ‘para Jean-Marie Pfaff’. La segunda es el suéter azul que utilicé contra España, en Puebla, en los cuartos de final. Y la tercera es la que usaba de joven, antes de ser el mejor portero del mundo, agregó.

El portero de los dos Mundiales (España 82 y México 86), los risos entrecanos y a quien el público llamaba El Simpático cuando estaba en el arco, no pudo resistir al remate de la princesa. Fue la nostalgia del pasado.

Por Alberto Aceves

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