La fe de los toreros

La Virgen de Guadalupe cuida al pueblo mexicano, y también a los actores de la fiesta brava

MONTERA. Para cuidar a los profesionales del toreo de pies a cabeza. Foto:  PAULINO SANTIAGO
MONTERA. Para cuidar a los profesionales del toreo de pies a cabeza. Foto: PAULINO SANTIAGO

Los toreros son seres místicos, religiosos y de mucha fe en una profesión que se arriesga la propia vida.

Cuando ellos se visten de seda y oro, además de plata y pasamanería –en caso de los banderilleros, picadores y puntilleros–, sólo tienen en la mente triunfar, hacer la faena perfecta (o casi), deletrear el toreo con lances y pases con temple y arte. Sin embargo, antes de torear, el miedo invade los pensamientos de los toreros. Jugarse la vida tiene un precio muy elevado, con sangre y hasta con la propia muerte.

Por ello, los toreros buscan en la fe y en la religión un motivo para sentirse protegidos por el más allá.

Jesucristo, santos y vírgenes son las imágenes recurrentes que se colocan en los improvisados altares en los cuartos de los hoteles de las distintas plazas de toros, tras la ceremonia de vestirse como toreros.

Después de colocarse las medias rosadas, zapatillas, taleguilla, camisa, faja, corbatín, chaleco y la casaca, así como apretarse los machos y el añadido en el cabello, el torero reza frente al altar en una ceremonia tan íntima, en el que el silencio es el mejor acompañante.

Besar cada imagen de santos y vírgenes, además de persignarse te conecta con Dios y la Virgen de Guadalupe, la patrona de todos los mexicanos.

En todas las plazas de toros de nuestro país no puede faltar la Virgen Morena y Jesucristo. Otro rezo, a minutos de partir plaza, no puede faltar. Y cuando suenan parches y metales, muchos toreros marcan en la arena una cruz con el pie derecho o izquierdo, dependiendo de la superstición de cada quién, antes de hacer el paseíllo.

La Virgen de Guadalupe es de las vírgenes que casi siempre está muy presente, porque cuando uno va entrando a la plaza siempre hay alguna mujer que le da a uno una estampita de la Virgen de Guadalupe, estés donde estés, y como cristiano me encomiendo a su misericordia y eso ayuda, dijo Morante de la Puebla, uno de los toreros más importantes de los últimos 25 años.

En tanto, Hilda Tenorio, una de las pocas mujeres con título de matador de toros en la actualidad, y que se recupera de una fuerte lesión de rodilla izquierda que le quebró el ligamento cruzado anterior, reconoce que todo se vale para evitar el miedo.

Cuando eres torero es indispensable creer en algo, es algo sobrenatural que te ayuda, porque te da valor cuando estás delante del toro; es bien importante antes de torear encomendarse, porque sientes que hasta la Virgen baja y te ayuda para triunfar, afirmó Tenorio.

Se anuncia la salida del burel en turno con el clarín. El torero espera ya con el capote en las manos detrás del burladero. Otro rezo a la Virgen de Guadalupe. El de patas negras sale al ruedo, es momento de convertirse en leyenda.

 

BORDADO. La imagen en el capote de paseo en Diego Silveti.

 

Por HÉCTOR JUÁREZ CEDILLO

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