El legado de Atlantis

El emblemático luchador visualiza su futuro y confía en que sus hijos continuarán su leyenda en el ring

Atlantis y Atlantis Jr. unirán sus fuerzas para continuar  la leyenda de “El Ídolo de los Niños en los encordados. Foto: Nayeli Cruz
Atlantis y Atlantis Jr. unirán sus fuerzas para continuar la leyenda de “El Ídolo de los Niños en los encordados. Foto: Nayeli Cruz

El hombre detrás de la máscara dice tener superpoderes. La última vez que lo vieron sin ella fue en junio de 1983, en la Arena Pista Revolución, hoy convertida en una gasolinera. Esa noche, antes de subir al ring, uno de los históricos réferis de la lucha libre mexicana, Roberto El Güero Rangel, le preguntó si tenía miedo de enfrentar a sus rivales: Niño, ¿no vas a luchar?. Sí, pero con máscara, respondió él. ¡Pues póngasela y suba al ring! ¿O a quién le tiene miedo?. No es que fuera invencible, peroAtlantis mantuvo en secreto desde entonces su verdadera identidad. La misma que hoy, en el Día del Padre, ha caído en manos de sus hijos: Atlantis Jr. y El Hijo de Atlantis.

En todo sitio donde hay un cuadrilátero, siempre hay una huella del Rey de los Mares: de la Atlántida, la quebradora, las películas al lado de Huracán Ramírez, Tinieblas, El Santo y Blue Demon, y de aquellas grandes batallas en las que descubrió el rostro de rivales como Kung Fu, Mano Negra, Villano III y Último Guerrero. Así se fraguó el atleta, luego el ídolo de la lucha libre, y después el padre exigente, que hoy en día ve sus últimos años como profesional.

La lucha no es un trabajo de oficina, en el que te sientas y pasas la tarde escribiendo. No. Es un deporte en el que te vas a partir la madre, definió el guerrero jalisciense, en entrevista con El Heraldo de México. A mi hijo le he dicho eso: tiene que costarle para que aprenda más de los triunfos. Yo veo que lo golpean y le dicen cosas, pero es parte de este mundo. Cuando es con mala intención, ahí sí me meto, porque me da coraje.

¿Los dos quisieron seguir sus pasos?

Tal vez uno más que el otro. Cuando tenían dos años, yo me subía al ring y jugaba luchitas con ellos. Los dos aprendieron lucha libre. Uno quiso seguir su carrera académicamente y el otro no quitó el dedo del renglón. Cuando debutó, el 25 de diciembre en la Arena México, el otro me dijo que quería retomar la lucha. Pero éste es el Junior, le dije. Tú tendrás que ser El Hijo de Atlantis. Y aceptó. Hay cosas que les faltan corregir, pero eso se los dará el tiempo.

El Junior debutó en Japón, hace unos meses. ¿Qué pasó por su mente?

Nunca me imaginé ver otro Atlantis, un doble, compartiendo el ring conmigo. Me dio shock. Retrocedí más de 35 años. Yo debuté a los 20, y mi hijo, a los 20 y medio, hizo lo mismo. Por eso, yo lo veía y retrocedía. Estábamos luchando contra Los Hermanos Dinamita. Y yo luché muchas veces contra ellos. Parecía que estaba en los años 80. Fue algo mágico.

¿Y como padre, es exigente?

Sí, exigente, pero también apapachador. Desde el kínder aprendí a negociar con ellos. Nunca les pegué. Castigarlos sí lo hice. Mi hijo, el Jr., estudia de lunes a viernes, de tres de la tarde a nueve de la noche, y lo traigo de arriba abajo. Lo levanto a las siete de la mañana a entrenar, luego a clases, comida… Papá, ¡ya déjame descansar!, me dice. Y siempre le respondo: Querías ser Atlantis, ¿no?. ¡Y lo que le falta! Luego anda con los videojuegos, pero tiene que cumplir con las tareas.

¿Cuánto vale esa máscara?

Muchísimos millones de dólares. Después de la de El Santo, la de Atlantis es la más vista a nivel internacional. Pero no creo que le llegue a pesar mi nombre. Al Jr. todavía no le cae el veinte de lo que tiene encima. Él piensa que con ponerse la máscara de Atlantis es suficiente. Y no. No basta. Es una gran responsabilidad.

¿Su retiro está cerca?

Lo he pensado, pero no me gusta planear las fechas. Es como ir a la muerte, al paredón. Cuando a mi hijo le caiga el veinte del nombre que tiene, ese día será el último para mí. La lucha libre es mi vida. Y después de que me retire, no creo que dure mucho. Pero hoy, arriba del ring, sigo sin saber cómo me llamo, si tengo familia, si soy padre… Nada. No soy una persona normal. Soy un superhéroe, El Rey de los Mares, y todavía no nace el rival que me logre quitar la máscara.

Por Alberto Aceves

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