El 10, vuelve al Olímpico

Diego regresa 33 años después a CU por un boleto para las semifinales de la Copa Mx frente a los Pumas

A la distancia, los recuerdos echan a andar entre sus ex compañeros como Héctor Enrique
A la distancia, los recuerdos echan a andar entre sus ex compañeros como Héctor Enrique FOTO: Especial

Diego Armando Maradona suele ser impetuoso cuando algo no le gusta. El problema no es la edad, sino la trayectoria. No se trata de un técnico que formó parte histórica de la selección argentina. O que, inexperto en su función, haya mostrado el mismo sello para llegar a dos instancias finales: la del Ascenso y la Copa MX.

En el Mundial de 1986, el Estadio Olímpico Universitario se convirtió en uno de los lugares en los que más golpes recibió Diego de los defensas rivales. Ocurrió contra Corea del Sur, el 10 de junio de aquel año. Esa vez, salió por el túnel, detrás de Ricardo Bochini, y volvió tiempo después con las piernas sangradas.

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Hoy, ese mismo lugar que defendió en la fase de grupos, y donde conoció la rudeza de coreanos y búlgaros, es el que lo recibe al frente de Dorados de Sinaloa en su pelea por las semifinales de la Copa MX.

A la distancia, los recuerdos echan a andar entre sus ex compañeros como Héctor Enrique. En ese estadio, a Diego lo cagaron a patadas, bromea El Negro desde Buenos Aires.

¡Cómo le pegaron, mamita! En total, le hicieron 11 o 12 faltas. Algunas lo dejaron sangrando. Pero Diego seguía pidiendo la pelota. ‘Dámela igual’, decía. A uno de los coreanos, el 17, lo bautizamos como Kung Fu (se ríe).

En Ciudad Universitaria, la Albiceleste ganó dos de los tres partidos de la fase de grupos. Diego, sin embargo, no pudo hacer goles. Aquel encuentro frente a Corea, dice Enrique, fue una cacería sobre el 10. Y sirvió, también, para descomprimir el clima de presión que vivía el técnico Carlos Bilardo.

Recuerdo los nervios del debut. Tenía que irnos bien. Nuestra selección era muy criticada, ni siquiera Diego estaba a salvo. Y por eso llegamos mucho antes a México, al predio del América. Diego es el jugador más grande que yo vi en mi vida. Y él, para con nosotros, era uno más, nunca se creyó absolutamente nada. Eso lo hizo más grande, agregó.

Treinta y tres años después, Maradona se encuentra con el mismo túnel de salida, el más cercano a la cabecera visitante. A pesar de sus silencios, es un hombre de decisiones firmes. Llevó a Dorados a pelear por el título del Ascenso MX, el año pasado, y hoy quiere alcanzar las semifinales de Copa, ante Pumas, en un lugar conocido.

No le gusta perder a nada. Así fue toda la vida. En Dorados está feliz, porque lo aman y lo respetan. A veces se le sale la cadena, pero con justa razón, porque lo vuelven loco. No tiene la tranquilidad que tenemos nosotros, que sí podemos caminar por la calle, concluyó.

Por Alberto Aceves

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