César Luis Menotti, el futbol, los conceptos, las letras

En charla con El Heraldo de México, César Luis Menotti juega con los recuerdos de otros años. Historias de futbol y de grandes amores, como María Félix. De héroes que tuvo sobre el ring, como JC Chávez, y de aquella vez que, entrevistando a Jorge Luis Borges, perdió el sentido de las palabras

César Luis Menotti, el futbol, los conceptos, las letras

Es verano en Buenos Aires, como en 1978. La diferencia es que ahora, y no antes, César Luis Menotti dejó de comprar cigarrillos. Si de vez en cuando acepta uno, es para volver atrás en el tiempo. A esos años que recuerda con sonrisas y también con bronca, los que despiertan su pasión por el juego, por sus ideas, y por la belleza que puede provocar el buen futbol, como le gusta decir. En la historia de la selección argentina, Menotti fue el primero en ser campeón del mundo, en medio de una dictadura militar. Entre el fervor y el pánico, Argentina se levantó jugando. Y así siguió él en otras partes del mundo, como México: el país de los grandes amigos, como Miguel Mejía Barón; y el de los grandes amores, como María Félix. Y dónde tuvo, por primera vez, a un ídolo sobre el ring: el gran Julio César Chávez. Aquí, o kilómetros más allá, El Flaco fue algo más que un entrenador de futbol. El mejor maestro que tuve, lejos, afirma Maradona. Setenta y nueve años de defender la belleza, como una prueba de la felicidad.

¿En algún momento de su vida, le costó ser quien fue?
Nunca me creí esas cosas. Yo soy un enamorado de las cosas que quiero. Fui un jugador de futbol, que nació soñando con una pelota. Así como alguien sueña con una guitarra, con un violín o una manera de escribir. Soñé con vivir mi felicidad y mi felicidad era jugar al futbol. Nací en una cancha y aprendí todo. No debe haber muchos entrenadores en la historia de este deporte, que hayan dirigido todos los clásicos y los hayan jugado. Yo dirigí San Lorenzo-Huracán, River-Boca para los dos lados, Rosario Central-Newell’s Old Boys, Independiente-Racing, Peñarol-Nacional, Atlético de Madrid-Real Madrid, Barcelona-Real Madrid… Nací ahí adentro.

¿Y fue feliz?
El futbol fue la mejor excusa para serlo. Yo soy rosarino y, cuando juegan los equipos de Rosario, me representan. Es un sentido de pertenencia. En Argentina, a diferencia de México, se ha jugado a la política y a la barrabrava; antes los hinchas sin recursos iban a lugares baratos y ahora ésos son utilizados por otra gente. Una cosa es ser hincha y otra ser barrabrava. Dentro de la hinchada argentina, el 95 por ciento son amantes del futbol. Y hay un cinco por ciento que utiliza prebendas y al poder, para hacer negocio.

¿Qué le provoca la frase ‘ganar como sea’?
Está relacionada con el mundo de los grandes negocios. Saquemos petróleo, tiremos el agua, robemos la luz… qué importa. El público en Argentina ha sido cobardemente estafado. Hablo del público del futbol, porque hay que entender esto: hay un público y hay espectadores. Yo, por ejemplo, si voy a ver un ballet soy un espectador, porque no entiendo nada. Ahora, cuando yo voy a ver futbol soy parte del público. Hay una gran diferencia. ‘Ganar como sea’, no sé. Eso no lo hace mejor ni peor al juego. Yo estoy convencido que la única manera de ganar, es a través del desafío, de los riesgos y del gran juego. Por eso, a Guardiola lo empezaron a imitar. Pero para ser como él, hay que tener conocimiento también. No es cuestión de tener la pelota sin saber por qué. Tenemos que ser respetuosos de los escenarios. No se puede ir a un lugar y decir: ‘ah, lo único que importa es ganar’. Es más o menos como decir que en la vida lo único que importa es respirar.

¿Existe, entonces, el Menottismo?
¡No!, es un disparate (se ríe). Los que han intercedido en esta historia son otros, no yo. Las cosas no son antiguas o modernas, son buenas o malas. A mí me gustaría ser tan antiguo como el Flaco Cruyff jugando. Un día, a Adolfo Pedernera, el maestro de Di Stéfano, le pregunté: ‘¿Cómo se siente cuando le dicen maestro?’. ‘Es que ya no compito, por eso me dicen maestro’, me dijo (se ríe). A mí me pasa igual, no se puede probar. Los jugadores que jugaron antes, hoy jugarían. Y los que juegan hoy, no sé si hubieran jugado antes. Es una lucha eterna. No hay que dejarse atrapar con el modernismo. Está el que se viste bien o se viste mal, el que toca bien el piano o el que no sabe tocar, el que juega bien al futbol o el que juega mal. No es tan compleja la cosa. Alguna vez, se lo dije a mis amigos: si quieren ser modernos, pongan el baño en la cocina y la cocina en el baño.

¿Tiene alguna relación con Carlos Bilardo?
No entra en ningún lugar en mi vida. No hay ninguna relación de nada. Él hizo su vida y yo la mía. A lo mejor, lo que nos pone en el tapete es que los dos ganamos un campeonato del mundo, pero es lo único. Cada uno lo ganó a su manera, defendiendo su idea. No tengo ningún interés de tener una relación con él. Cada uno es como es como persona y tiene los antecedentes que tiene.

¿Con qué tres personajes de su vida, se sentaría a tomar un café?
Extraño mucho la mente de dos tipos del futbol, con los que tuve una enorme relación afectiva: Rinus Michels y el Flaco Cruyff. Tengo un aprecio muy especial por Miguel Mejía Barón, que ni él lo sabe, y por varios jugadores del futbol que prefiero no nombrar. Le voy a contar una anécdota que para mí es única: un día tuve la oportunidad de conocer a Borges. Estábamos sentados en un canal de televisión y entró una señora. Se paró delante de la mesa y me dijo: ‘¿cómo le va, señor Menotti?’. Era María Félix. ¡Una cosa insólita! Yo la conocí y nadie sabe de eso. Hicimos una publicidad para una marca de teléfono. Era una mujer que me gustó mucho desde joven. Estaba enamorado de su belleza, de su personalidad. Que me la haya encontrado yo, en un canal de televisión en México, fue una cosa insólita. A mis amigos siempre les digo: ‘¿Saben ustedes quién fue el amor de mi vida? María Félix, y yo la conocí’. Se ríen todos. ¡Pero es verdad! Vino ella a saludarme, yo no sabía qué decir. Fue una vergüenza, casi me muero. El futbol te da esas cosas. Yo era campeón del mundo, era muy joven, estaba absorto de lo que significaba en el mundo un campeonato. Uno no sabe lo que pasa. Hoy sí, porque hay muchos medios. Pero en esa época, no.

¿Y Borges, cómo era?
Fui a hacerle una nota a su casa. Me hizo reír mucho, de verdad. Fue increíble. ‘Usted debe ser muy famoso’, me dijo. ‘¡Bah!, no sé. Sólo fui campeón del mundo’. ‘Porque mire que acá ha venido gente importante, eh’, siguió. ‘Y mi empleada es la primera vez que me pide un autógrafo suyo’ (se ríe). Hubo un momento en el que le pregunté sobre los poetas populares. Y él me dijo: ‘¿A qué se refiere con ‘poetas populares’? Dígame uno’. Le dije: Homero Manzi, un autor de tangos y milongas. Y él me contestó: ‘no me gustan mucho los poetas que utilizan la palabra Arrabal’. ‘Pero usted la usa mucho’, le dije. ‘Ah, ¿usted me lee a mí? ¡qué manera de perder el tiempo!’. ¡Me dejó muerto!, no sabía qué decirle.

¿Qué fue lo más difícil del Mundial del 78?
A mí me eligió el poder, que en ese momento era el peronismo. La decisión la tomó el estatuto, que era el presidente y el vicepresidente de la AFA. Y éste tenía que ser apoyado por todos los clubes. Lo mismo pasó con otros entrenadores. El futbol no se puede intervenir, la FIFA no lo permite. Cuando vino el golpe de Estado, fui a presentar mi renuncia. Y uno de los mejores dirigentes que conocí, Alfredo Francisco Cantilo, que era el presidente, elegido por los clubes y no por la dictadura, me dijo que lo único serio que habían encontrado en la AFA era mi proyecto. Y empezamos a trabajar. Trabajé con Grondona como secretario, después como presidente. Tuvimos diferencias. Al estado le convenía ganar el Mundial, no hay que culpar a los jugadores. En cualquier circunstancia, hay lugares para hacer una lucha. No conozco a ningún equipo ganador que no haya sido recibido por el presidente de la nación.

¿Dudó mucho en dejar fuera a Maradona?
No era fácil la decisión. Tal vez me equivoqué al no llevarlo, pero después, cuando salimos campeones del mundo, nadie dijo nada. Tuvimos como rivales a Italia, Hungría y la Francia de Platini. Estábamos con muchas posibilidades de quedar afuera. Maradona tenía 16 años y yo lo veía desde el Mundial Juvenil, donde lo estaba entrenando. Ahí lo puse como capitán y, en el 79, fuimos campeones mundiales de la categoría. Era la primera vez que Argentina ganaba un Mundial Juvenil también. Por supuesto, yo sé que Diego lo sufrió. Pero sabía que podía volver.

Lo que son las cosas: Maradona siempre dijo que usted fue el técnico más importante de su carrera.
Tuve una gran relación con su familia. Iba a su casa, a ver sus papas, conozco a Claudia, su ex mujer, y a sus hijas. No soy amigo de Maradona, hay una diferencia de edad muy grande. Pero sí lo tengo como alguien intentó ayudar en la relación entre el público y el jugador. Fue un enorme compañero, que vio por los derechos de los futbolistas. Después, su vida personal es un problema en el que jamás daría opiniones. Yo fui muy feliz de tenerlo como futbolista, porque siempre fue el mejor con la camiseta de la selección argentina.

En la mesa de los grandes, ¿quién es el número uno?
Hay cuatro reyes en esa mesa: Pelé, Cruyff, Di Stéfano y Maradona. Tipos que se aburrieron de ser cracks. Pelé superó todo, como él no hubo ni habrá. No creo que pueda aparecer algo mejor que él. Habría que crear un robot mágico, para tener lo que había en su cabeza. Messi va a camino a ser el quinto de ellos. Pero la gente no se da cuenta que ya tiene 30 años, que no es un nene. Acá lo tratan como si lo fuera. Está más cerca de su final, que de su comienzo.

¿Qué observa de la época moderna?
Que cuando no hay éxito en el mundo del futbol, lo demás no existe. Si Guardiola pierde dos partidos o no sale campeón, todo mundo habla de que su sistema, que la tenencia de la pelota, no sirve. Siempre están a la expectativa. Cuando el futbol se hace bien, como la pintura, como la música, termina siendo bello. Y si eso no es sostenido, desaparece. El jugador tiene que entrar a la cancha, sintiendo en su alma que es el representante del apasionamiento de un público que sostiene a este negocio. A mí no me importa cuánto dinero gana Joan Manuel Serrat. Lo que sí me importa es que siga siendo fiel a lo que escribió. Me molestaría que yo vaya a ver a Serrat y salgan dos vedettes mostrando el culo; eso sí me dolería mucho. No quiero que el futbol empiece a mostrar el culo.

Clasificada al Mundial, ¿Argentina es favorita para ganarlo?
Lo es históricamente. El mundo del futbol tiene candidatos, que son siempre los mismos (Alemania, Inglaterra, Italia, Argentina y Brasil). Hace muchos años que son candidatos. A pesar de que, por ejemplo, Inglaterra no gana nunca nada, pero siempre está puesto ahí. Después, están los protagonistas. Y luego, algunos serios participantes. Entre los participantes, vamos a poner a México. En algún momento, México era feliz con el hecho de participar en un Mundial. No tenía otra exigencia. Pero luego empezó a tener protagonismo. Y hoy, entre los protagonistas, es uno de los países que están más cerca de que lo elijan para ser candidato. Ya no se conforma con ser protagonista. El público les empieza exigir que se sientan candidatos. Alguna vez Perú lo fue, pero después retrocedió. No se sostuvo, como México. Hoy, no le basta al futbolista mexicano con pasar la primera ronda. A México se le exige estar en los cuartos de final, porque se lo ganaron los jugadores. El futbolista no debe perder la serenidad ni el compromiso. Esta exigencia por ahí lo lleva a México a no tener la tranquilidad que se necesita para la alta competencia. Puede ser un rival difícil para cualquiera. Si yo soy Argentina, a mí no me gustaría enfrentarlo.

¿Sigue yendo al box?
He visto muchas peleas, desde la época de Ray Sugar Robinson en adelante. El boxeo mexicano ha tenido peleadores increíbles. A mí me hizo llorar Julio César Chávez. Hubo un tiempo en el que le estaba yendo muy mal. Y, como siempre, terminó ganando. Siento una gran admiración por él. Fue el primero que me enseñó que para meter la mano izquierda, había que ir con la derecha adelante. Era mi ídolo, como lo fue Nicolino Locche y Carlos Monzón. Yo lo amaba. Nunca vi un tipo con ese coraje y esa fuerza en los puños; era demoledor. Es el Pelé del boxeo. Pelé parecía que no estaba, que le pegaban, y siempre aparecía. Para mí, técnicamente era un fenómeno. A todos les ganó. Es uno de los reyes del boxeo.

Lejos del futbol, ¿en qué cosas fue bueno y en qué otras no?
En todo lo que usted me pregunte, soy un desastre (se ríe). Tengo la suerte de que alguien me ayude. No sé cuánto pago de teléfono ni cuánto vale la nafta (gasolina). Ahora estoy tratando de poner una escuela de entrenadores online, trabajo y escribo para eso. Uno de mis invitados quiero que sea Miguel Mejía Barón. Tengo una columna los martes y escribo desde la misma pasión que tenía a los 20 años. Hay una cosa que me va acompañar hasta la muerte: el aprendizaje. Nada más que eso. Es muy compleja la vida, pero tengo un profundo respeto por una frase o una canción. Por aquel que canta lo que canta o dice lo que dice, con una emoción de por medio.

POR ALBERTO ACEVES

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