Bryan Herrera, entre el campo y el taekwondo se formó el campeón

De ser campesino, Bryan Herrera llegó a campeonatos del mundo en taekwondo para ser medallista, pero sin apoyos, abriéndose paso por él mismo

Bryan Herrera, entre el campo y el taekwondo se formó el campeón

En la caminata de ida y vuelta entre su rancho, en Chiapa de Corzo, y el negocio de comida de su madre en Tuxtla Gutiérrez, el lugar donde entrena, Bryan Herrera Chanona hace tres horas diarias. Una y media por cada vuelta.

La temperatura suele ser de extremos en esta zona, aunque también un punto de saberes para su profesión. Desde pequeño, el padre de Bryan le enseñó a ser campesino. A convivir con tierra, animales y realizar tareas en el campo.

Hace casi 10 años que lo hace, con ayuda de su otra pasión: el taekwondo. Ese mundo que se encuentra más allá de las piedras y el sol, con las mismas adversidades.

Mientras las jornadas concluyen cada tanto, Bryan se da tiempo para entrenar. Un reto todavía mayor, ante la falta de algún maestro.

No hay quien me diga dónde entrenar ni quién me preste un espejo, lamenta.

Cuando encuentro alguno, me grabo y analizo los movimientos. Los videos de las competencias me sirven también. En Corea (en julio pasado), traté de corregir errores con ayuda de otros. Si siento que los hago diferente a ellos, es porque estoy haciéndolos mal.

En tres ocasiones seguidas, de 2010 a 2012, el chiapaneco conquistó medallas en la Olimpiada Nacional, en la modalidad de formas.  En 2015 y 2016 repitió en el podio.

Sus resultados lo llevaron a ser considerado por la selección nacional, en el Campeonato Panamericano de Poomsae (ganó bronce) y el Nacional Adulto de 2015 (oro), además del Preselectivo Nacional del siguiente año. Viajó a Perú, Corea del Sur y Costa Rica, donde se sumaron más preseas.

He tenido que entrenar solo desde hace cinco años, con mi maestra Maythe Thomas, de gimnasia. Ese es el reto más difícil de mi carrera: entrenar con lo que sé. Confiar en la capacidad que dios me dio para hacer todas estas cosas.

En Corea, conocí a unos amigos que son unos locos en el aire. Competí contra ellos. Tuve una puntuación más alta, pero siguen siendo mi motivación. En el inicio de la modalidad de freestyle, empecé a aprender con ellos, en los videos que veía. Terminé siendo uno de esos loquitos, comparte Bryan.

En Corea, el horario complicaba las cosas. Era poca la comunicación y mucho el tiempo de desgaste.

Mi único respaldo sigue siendo lo que creo. En mis inicios, fui campeón en combate. Una lesión de espalda me orilló al Poomsae (una combinación de defensas y ataques). El camino ha sido difícil, porque las autoridades se aprovechan de esos logros.

Es algo que llega a confundirme y a ponerme mal. No me apoyan, no quieren darme ningún aval, nada. Es mucha la presión en la competencia, de personas que quieren manipularme, concluye.

De Chiapa de Corzo a Tuxtla Gutiérrez son 15 kilómetros de camino. No obstante, para Bryan lo más complicado está en otro punto: en la lucha por ser atleta de alto rendimiento, sin respaldo de nadie.

Su carrera en el taekwondo comenzó a los nueve años, en una escuela vecina de su casa. Después de ahí, vino todo. Sembrar y cosechar.

Caminar de un lado a otro, en horas bajo el sol, para atender el rancho y ser taekwondoín. En espera de un impulso por parte de las autoridades.

Por Alberto Aceves

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