Abren Puerta Grande José Tomás y Miguel Ángel Perera en Algeciras, España

Tras dos años de ausencia de ruedos españoles, José Tomás salió a hombros junto a Miguel Ángel Perera

Foto: EFE
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ALGECIRAS, España.- El diestro José Tomás abarrotó este viernes el Coso de Las Palomas de Algeciras (Cádiz) en la que era su reaparición en ruedos españoles tras dos años de ausencia, en una tarde llena de contenido marcada por el indulto del toro Libélula, del hierro de Jandilla, a manos de Miguel Ángel Perera.

La Feria Real de Algeciras giraba en torno al nombre rutilante de José Tomás. El madrileño había disparado las reservas hoteleras llenando la plaza para sí y sus compañeros. Se hablaba de que el mismísimo Rey Juan Carlos había planeado bajar hasta el Campo de Gibraltar para contemplar la actuación del torero republicano que nunca le ha brindado un toro. No fue así.

Roto el paseíllo, no faltó la ovación para el gran protagonista, compartida con Perera. Y salió el primero de los cuvillos, un toro hondo que remató en los tableros y se descolgó en el capote. Tomás lo toreó a pies juntos, con el engaño un punto recogido, rematando con una media de primor. El galleo, por chicuelinas de infrecuente temple, levantó el primer clamor.

 

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El quite combinó una talaverana, una cordobina, una navarra y el remate de una serpentina. El suave inicio de faena, midiendo las fuerzas del toro, fue seguido de dos excelentes series diestras en las que falló el motor del noble animal. Por el izquierdo ya no pudo más, aunque el torero exprimió ese lado cosiendo las series con alardes de imaginación.

Pero la faena no había acabado: los muletazos finales, metido entre los pitones y cambiándose el toro por la espalda, volvieron a levantar clamores. Siguieron un ramillete de estatuarios y un imposible pase de pecho antes de agarrar un feo espadazo trasero y caído. No importó. Cayeron las orejas.

Al distraído tercero los sujetó en un solemne quite por gaoneras, pero la faena, con el bicho rajado y desentendido, no pudo romper. Le quedaba el quinto, que estuvo a punto de agarrarle en un resbalón. La faena rompió por el lado izquierdo, siempre en los medios, supliendo con su entrega la falta de gas del astado.

Hubo manoletinas de postre, metisaca y un pinchazo del que pareció salir prendido. El toro se amorcilló. No se sabe si habrá una nueva oportunidad de verle de nuevo en esta temporada. Muerto este quinto le obligaron a dar la vuelta y le despidieron con gritos de ¡torero, torero!

Perera paró a su primer jandilla por chicuelinas. La cosa se ciñó más por tafalleras y se animó en los dos grandes pares de banderillas de Ambel. La faena comenzó rodilla en tierra, preludio de una labor firme, ceñida y bien trazada que sorteó la trompicada embestida. El extremeño aún se pegó un arrimón de infarto. La espada, eso sí, se encasquilló.

Al cuarto lo templó a la verónica pero la cosa se animó más en el variado quite posterior. Perera, que brindó al público, lo recibió con su clásico pase cambiado por la espalda. Repitió la suerte, con el toro cada vez más cerrado hasta cerrar la obertura con uno de pecho, mirando al tendido.

Siguió una grandiosa y maciza serie diestra que hizo rugir al personal. Perera siguió por ese lado, cosiendo los muletazos, casi circulares, con temple exquisito. Pero es que también lo iba a bordar al natural en dos grandiosas tandas espatarradas que parecieron agotar la gasolina del animal. Aún le arrancó nuevos pases diestros con el público en pie.

Perera selló el alboroto enroscándose el toro por luquecinas mientras se empezaba a pedir su indulto. El matador, borracho de toreo, seguía exprimiendo aquella brava nobleza. El presidente no tardó en conceder el perdón de su vida.

Aún le quedaba el sexto, al que formó un auténtico lío por saltilleras antes de tomar la muleta y la espada para brindar a Tomás. La faena comenzó a fluir con muletazos cambiados, siempre vertical el torero antes de ponerse a torear en redondo con la entrega y la firmeza que no tuvo su enemigo.

FICHA DEL FESTEJO.- La corrida, sin sorteo, se dividió en tres toros de Núñez de Cuvillo escogidos por Tomás y tres de Jandilla para Perera. Bien presentados. De los ‘cuvillos’, el primero resultó blando y noble; rajado el segundo; sin fondo el tercero. El primer jandilla embistió rebrincado. De excelente condición el segundo, de nombre Libélula, que fue indultado. El último no sirvió.

José Tomás, de verde botella y oro: dos orejas, ovación y vuelta al ruedo.

Miguel Ángel Perera, de corinto y oro: oreja, dos orejas y rabo simbólicos, y silencio.

La plaza se llenó hasta la bandera, con el no hay billetes en taquillas, en tarde calurosa.

 

Por EFE
jram

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