Refuerzan seguridad en trenes

Los atracos a la bestia son una práctica común en el corredor Veracruz-Puebla

Foto Saúl Molina
Foto Saúl Molina

El miedo al asaltante Chucho el Roto (un legendario astuto bandido) volvió al tren Veracruz-México. Primero Dios, no pase nada, lanza el maquinista del tren 4610, cuando apenas avanza unos 500 metros con rumbo a Acultzingo en Veracruz, así como a Esperanza y Cañada Morelos en Puebla, una zona donde los últimos 10 meses de 2017 han asaltado vagones enteros del ferrocarril de Ferromex-Ferrosur.

A mí me han tocado más de 30 asaltos en todo el año, recuerda el maquinista de la 4610, quien por razones de seguridad pide no revelar su nombre, porque muchos de los maquinistas, conductores, garroteros y empleados de la empresa ferroviaria viven en Orizaba.

Todos coinciden: desde hace cinco años iniciaron los robos al tren, pero el último año el problema se convirtió en un cáncer que nada lo detiene. Se sabe que detrás hay una banda vinculada a Roberto de Los Santos de Jesús, El Bukanas, quien es líder de ladrones de combustibles en Puebla y entrenador de sicarios de Los Zetas en Veracruz.

Usa a niños como halcones y detienen el tren mediante barricadas con piedras o les echa grasa a los rieles, algo que hace que el tren se regrese en reversa en plena montaña. También intimida a la tripulación de La Bestia. Por ejemplo, un grupo de 40 personas, armadas con cuernos de chivo, descarrilaron un tren la tarde del 11 de octubre de 2017 a la altura del puente de Aguascalientes.

Nos encerramos en la máquina, con miedo, cuenta el garrotero del tren 4545. Dice que uno de sus compañeros entró en pánico lo que le impidió maniobrar el tren. Fueron más de 6 horas en que el tren permaneció a media montaña, robaron tres vagones que contenían miles de paquetes de papel higiénico y otros productos. Ese fue el último incidente, recuerda.

El Heraldo de México se subió por dos días al tren intermodal para conocer el trayecto en conflicto de los trenes que opera Ferromex-Ferrosur.

A lo largo de la vía había piedras y durmientes preparados para las barricadas, así como niños halcones y camionetas que miraban a lo lejos cómo avanzaba el tren hasta Tezuapan, una comunidad poblana que se convirtió en un punto rojo. Pero a lo largo de la ruta, policías municipales de Acultzingo, Esperanza y Cañada Morelos, así como cuerpos policiacos del gobierno de Puebla y Veracruz y el Ejército Mexicano con humvees y de seguridad privada espantaron por dos días a los asalta trenes.

Este diario reveló que el saqueo de trenes en la zona se convirtió en una crisis para Ferromex y Ferrosur, los maquinistas dicen que cuando hay soldados y policías, hay tranquilidad.

 

 

Por Enrique Hernández

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