Disruptores. Sergio Leal: Romper para construir

Apenas después de saludar, Sergio Leal le pide a la fotógrafa de El Heraldo de México que no le tome fotos de cuerpo entero con brazos cruzados

Sergio Leal
Sergio Leal

Apenas después de saludar, Sergio Leal le pide a la fotógrafa de El Heraldo de México que no le tome fotos de cuerpo entero con brazos cruzados, y al reportero que no lo retrate en su texto como un Steve Jobs.

Yo no soy nadie, quien es es Vinte, y es un gran grupo de mentes y talentos del cual te voy a platicar, advierte este arquitecto convertido en empresario quien se niega a adjudicarse el éxito de la empresa.

-¿Te caen mal los Steve Jobs?>

-No me caen mal (esos empresarios), pero en lo personal no he hecho nada, no es cierto que hay historias, las historias se cuentan cuando se mueren. Tengo 45 años, todavía falta y pueden pasar muchas cosas. No me gusta ser el centro del tema, (…) es injusto hablar de una sola persona.

Aunque no se presente así, Sergio Leal es el fundador y presidente de la mesa directiva de la viviendera Vinte, reconocida como una de las empresas mexicanas que libraron de mejor manera el holocausto del sector inmobiliario acontecido en México en 2013 y 2014.

Mientras importantes nombres como Su Casita, Geo, Urbi o Homex pasaron a ser sinónimo de problemas financieros, Vinte no sólo se mantuvo con salud, sino que alcanzó un crecimiento de 20% en 2013.

Al día de hoy, la empresa está posicionada como una de las más importantes desarrolladoras en México con un EBITDA de 626.5 millones de pesos al cierre de 2016 y crecimientos en sus ingresos cercanos al doble dígito.

Además, en un sector plagado de desconfianza después de la implosión de la burbuja inmobiliaria, Vinte cuenta con la bendición de amigos poderosos. Instituciones como El Banco Mundial, El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Industrial y Comercial de China (ICBC) y el banco alemán de desarrollo DEG no han dudado en convertirse en sus acreedores.

El secreto de este éxito es sencillo según platica: Sergio nunca quizo volverse millonario, él quería hacer buenas casas.

LA CUEVA

Luego de trabajar en el área de ventas de Urbi durante ocho años, en 2001 Sergio decidió fundar Vinte junto a Antonio Blas Zúñiga, Carlos Alberto Cadena Ortiz de Montellano, Domingo Valdés, y Rene Jaime Mungarro; hombres a quienes Sergio se refiere como sus hermanos.

La semilla para la nueva empresa era el deseo de ser un factor de cambio en el sector viviendero, el cual durante la década de los 90 optó por la reducción de la calidad para dar abasto a una demanda de 90 millones de casas durante la entrada de México al neoliberalismo global.

El concepto inicial de Vinte –y que se mantiene en general hasta la fecha– fue el ofrecer conjuntos habitacionales bien equipados con mobiliario para actividades al aire libre y área comercial donde los vecinos pudieran trabajar. Así mismo, casas más pequeñas pero equipadas con Internet y buenos cimientos y acabados a cambio de 275 mil pesos.

Como parte del servicio postventa los vecinos no podían modificar sus fachadas y se comprometían a cubrir una cuota de mantenimiento establecida por ellos mismos, lo que mantiene el valor de la vivienda a lo largo del tiempo.

A esto le llamaron viviendas de diseño integral sustentable –Vinte– y fue un trancazo.

Hubo un desarrollador, que ya no existe, al que yo le decía que la clave es que la gente compre el concepto, (…) y me decía, ‘la clave es tener la casa y venderla rápido’. Se me chocaron los cables. Vives más de 10 horas en tu casa, no te puede proporcionar techo nada más, recuerda.

Esperando lo mejor, el plan de negocios para el primer año era hacer 120 casas en el primer desarrollo de Vinte en Tecámac, Estado de México, pero la demanda acabó llevando a Sergio y a sus socios a vender 354 en 2003.

Sergio Leal

Trece años después, Vinte ha vendido 27 mil viviendas en Estado de México, Hidalgo, Quintana Roo, Puebla, Nuevo León y Querétaro repartidas en un rango de precio de entre 300 mil y 3 millones de pesos, está desarrollando 20 mil, y tiene reservas territoriales para otras 38 mil.

No vendo cuevas. Yo si hubiera querido hacer dinero me hubiera quedado en esa empresa en la que estaba, pude haber sido director general, tenía acciones. Nos decían que estábamos locos cuando nos íbamos a salir de nuestras empresas cuando teníamos todo asegurado, dice.

Sergio hace eco del trabajo del escritor Taylor Hartman, famoso desde la década de los 80 por dividir a las personas según su carácter y asignarles un color: rojo para las personas motivadas por el poder, azul para las movidas por el compromiso, blanco para las pacíficas y amarillo para aquellos que buscan la diversión como motor.

En su versión, Sergio divide al mundo sólo entre las personas rojas y azules. Las primeras son las objetivas y directas, mientras que las segundas son las creativas e inquietas, grupo en el que se incluye.

De acuerdo con él, gracias al equilibrio que sus socios rojos le han dado, Vinte ha podido trascender el ideal, para concretarse como un agente de cambio en el mercado de vivienda. Vinte es el matrimonio entre el soñador y el financiero.

CIMIENTOS

En mayo de 2008, Robert B. Zoellick, entonces presidente de la Corporación Financiera Internacional (IFC) del Banco Mundial le dijo a Sergio: les van a depositar el día de mañana, sólo te quiero decir que se avecinan las tormentas.

Un mes antes, luego de buscar empresas inmobiliarias en países en vías de desarrollo, el IFC había aprobado la compra del 10% de Vinte mediante 100 millones de pesos, y un préstamo a la empresa por 200 millones.

Ese septiembre la historia se escribiría por sí sola. El crack económico mundial desencadenado por el sector inmobiliario encontró a Vinte con dinero en la bolsa y procesos internos con altos estándares debido al régimen de vigilancia del Banco Mundial.

Como Nostradamus. Así me habló. ‘Prepárate con tus paraguas y ojalá este dinero les sirva’, y (Zoellick) no me dijo más. Yo ya quería abortar el tema. La verdad no los necesitábamos, ¿para qué los necesitaba?. Al final hay un toque de Dios, de la suerte, de lo que quieras creer, platica.

Sea lo que haya sido, Vinte terminó el 2008 creciendo 51%; testamento de la capacidad de la empresa para no sólo sobrevivir, sino de florecer en condiciones adversas como las que le siguieron en 2013 y la incertidumbre actual.

Las crisis –comparte– le han enseñado a la empresa a que no puede jugar con los riesgos, incluso a costa de mayor crecimiento.

Si tú tuvieras como directores y socios a otras personas quizá Vinte sería lo doble de grande, pero con un riesgo gigante. Lo que tratamos de hacer es estar diversificados, ciudades, productos. No queremos riesgos, queremos estar mucho tiempo, dice.

La capitalización de Vinte no se detiene. Después del Banco Mundial, en 2012 el BID compró un 5% de la empresa por otros 100 millones de pesos. Posteriormente el banco alemán DEG le extendió un crédito por 200 millones de pesos y el ICBC otro de 100 millones.

En tanto, la empresa salió por primera vez al mercado de valores para levantar 1,200 millones en septiembre del año pasado y ahora el 24.3% está en manos del público inversionista.

El futuro de la empresa seguirá teniendo a la innovación como eje: casas autosustentables, sin necesidad de gas, huertos urbanos, estacionamientos eléctricos, techos super ligeros. Sergio se emociona cuando habla de las posibilidades, pero se las guarda para otra charla.

Nosotros construimos Vinte para 100 años, pensando en que la tecnología nos va a alcanzar y que nos va a hacer que vivamos 120 años, y si no, el que la siga lo debería de hacer. El cimiento es bien fuerte, dice Sergio.

Postdata. Al final, Sergio accedió a tomarse un par de fotografías.

Por Erick Ramírez

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