Héctor Díaz Santana: Fifís, chairos y nonos

Hablan de fifís como una comunidad de privilegiados que heredó todo

Humberto Ibarrola / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México
Humberto Ibarrola / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

El escenario social ha cambiado. Hablan de fifís como una comunidad de privilegiados que heredó todo; de los chairos llamados así, despectivamente, a los activistas que están en contra de las ideologías de derechas (definición del Colegio de México). Sólo nos falta adjetivar a otra comunidad, que bien podrían ser los nonos, los que no están identificados con los señalados.

En 2002 se realizó, bajo la dirección del doctor Pérez Fernández del Castillo un estudio sobre el capital humano entendido éste como un conjunto de redes de confianza, reciprocidad, ayuda y afecto entre los ciudadanos.

Los resultados indicaron que el ciudadano mexicano es desconfiado, consideraba al gobierno como ineficaz y corrupto, y que sus problemas los resolvía con el apoyo de su familia, amigos y su entorno social.

El pensador, jurista, político e historiador francés, Alexis de Tocqueville, escribió en 1830 que en Estados Unidos la asociación cívica era el eje fundamental que hacía funcionar la democracia.

La participación cívica es primordial para el desarrollo y el bienestar, facilita la reconciliación entre el interés particular al general; cuando el capital se fragmenta produce tensiones, confusiones, segmentación y miedos generando una severa crisis que pone en riesgo a la democracia.

Actualmente el país está viviendo transformaciones, una de las más importantes es la social. El escenario no parece que tenga una ruta definida que nos permita en la relación social un proceso que contribuya al progreso nacional.

México es un país heterogéneo, las brechas sociales son cada día más evidentes; de mantenerse esta tendencia tendremos una severa fragmentación y atomización social, que beneficiará a unos pocos. Este fenómeno invisible y sus efectos producen más perjuicios que una crisis económica o política; no hay mayor daño que se odie a otro porque no piensa de la misma manera.

El capital social debe ser un asunto de Estado. Una sociedad polarizada no contribuye a un ánimo por el progreso social. El mexicano tiene un alto sentido nacionalista y de la solidaridad. Un ejemplo fue la participación espontánea durante los sismos.

En un proceso de cambio institucional, lo fundamental es la unidad nacional por medio del reconocimiento a las diferencias, el respeto y la tolerancia. Existen graves riesgos si se toma un camino equivocado, por lo que es fundamental reconocer que estamos dispuestos a emprender el camino de la reconciliación nacional.

Todos somos mexicanos, para ello se requiere disposición, sensibilidad y voluntad de los gobernantes.

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