Tacos Villamelón: Merienda de toros

Tradición taurina y gastronómica que une a todos los actores de la ​fiesta brava

Los tacos Villamelón cuentan con tres sucursales en la CDMX. FOTO: CORTESÍA
Los tacos Villamelón cuentan con tres sucursales en la CDMX. FOTO: CORTESÍA

El mundo taurino y la gastronomía van de la mano. No hay torero, apoderado, empresario o aficionado que no guste del buen comer durante, mientras o después de la fiesta.

Una buena comida, con una tertulia con copa de brandy y habano se hacen casi indispensables. No es menos cierto que la gastronomía alrededor de la tauromaquia siempre peca de clásica e incluso algo rancia, con el vino bien cargado de aromas a madera y viejo, carne siempre antes que pescado, guisos contundentes y una bota de vino. El aficionado al toro, en general, es glotón y esto explica algunos fenómenos, como es el hecho de que después de una opípara comida que termina a las cuatro de la tarde, se pueda estar merendando abundantemente a las siete. ​

En muchas plazas la merienda toma carta de naturaleza y se convierte en un capítulo más de la tarde de lidia, pues dura casi lo que un toro. ​Los aficionados acuden a la plaza con cestos repletos de comida para que a la muerte del tercer toro, abrir y desplegar la paradita para la merienda, aunque existen otras opciones.

Cómo no hablar de un clásico de la escena taurina mexicana como los Tacos Villamelón, frente a la plaza de toros de la capital, fundados en 1961 por un aficionado a los toros, don Rafael, quien llamó Villamelón al local en honor a los villamelones, término con el que se denomina a aquellos que tienen un desconocimiento absoluto del mundo taurino. ​

Lo cierto es que la taquería está llena, antes y después de cualquier corrida, y cuenta con dos sucursales abiertas en la capital, lo que habla bien de su sazón. ​

Toda la ambientación evoca a ese amor por los toros, que si cabeza de grandes astados, carteles de emocionantes faenas con sabor a pasado glorioso que denotan la afición de aquel que fue su fundador y de los regalos de toreros, ganaderos, empresarios que daban de esta forma la gracias por los bocados que aquí recibían, acentuando el aroma a fiesta grande que se percibe nada más con pisar la entrada a este museo de arte gastronómico, humilde pero contundente. ​

Erika Miranda, una de las propietarias e hija de don Rafael, comentó respecto a las costumbres culinarias de la afición que es antes de comenzar la corrida cuando la mayoría viene a comer.  Si regularmente comienzan a las cuatro las corridas, el restaurante ya está preparado desde las nueve y media de la mañana. También hay planes para los rezagados, por lo que se cierra a las 11 o 12 de la noche. La mayoría de la gente come en la taquería, platican y toman fuerzas para el disfrute.  ​

El plato estrella es el taco campechano que lleva cecina, longaniza y chicharrón, todas ellas combinadas e integradas por el corazón del Villamelón, que es su salsa roja picosa igualmente con chicharrón.  ​


Este establecimiento sigue trabajando con los mismos proveedores de siempre, dicen que con esto, preservan la calidad de sus platillos. FOTO: CORTESÍA


Cocina netamente chilanga, que lleva ofreciéndose desde hace más de 57 años, en los que han pasado generaciones completas y cuya línea de coincidencia sería esa fidelidad a los sabores que los actuales propietarios siguen cuidando día a día.  ​

La carta no ha cambiado mucho, quizá a exigencia de la clientela, quizás tributo por la comida bien hecha de los abuelos de la familia que han gestionado la taquería con tanto mimo y que fueron los creadores de la línea de sabores que dio renombre a esta taquería de solera. ​

Otro platillo que resulta imprescindible es el costeño, que es como el campechano, pero con chile verde y cebolla. El queso combinado por cualquiera de estas opciones resulta excelente. ​

Y cómo perderse los frijoles charros, que son como los frijoles de olla con tocino, longaniza y condimentos secretos de la casa.  ​

La cocina del Villamelón también traspasa las fronteras físicas del restaurante, ya que ofrece un servicio de eventos externos, pero nada de complicación en la carta, se ofrecen tacos, los mismos que se pueden degustar en la taquería, salvo los frijoles charros y el caldo de pollo. ​

No puedes perderte el volcán que es la tostada con queso, con carne campechana o pura cecina o las quesadillas. Según cuenta Erika Medina, Tacos Villamelón sigue trabajando con los proveedores de toda la vida, incluso algunos que ya no están y que son contratados por sus hijos, todo para preservar la calidad.

Por Juanma Martínez Rodríguez

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