Michoacán, ofrenda de vida

Con platillos ceremoniales, velas y flores de cempasúchil se recuerda a los seres queridos que partieron. Todo gira en torno a las tradiciones y a las costumbres más arraigadas de cada comunidad

Los purépechas creían que las mariposas Monarca eran las almas que, tras recorrer miles de kilómetros, llegaban a territorio michoacano a degustar sus ofrendas y a encontrarse con sus seres queridos. Foto: Daniel Ojeda; Ilustración: Allan G. Ramírez.

De acuerdo con las tradiciones y creencias purépechas, la tierra de los volcanes y lagos, espera desde noviembre el inicio del arribo de las mariposas Monarca que, tras recorrer más de 4 mil kilómetros procedentes de Canadá y Estados Unidos, vuelan a territorio mexicano para ser parte de una de las celebraciones de más arraigo en Michoacán: Día de Muertos.

Son estas mariposas, para la idiosincrasia prehispánica indígena de la región, las almas de los seres queridos que han fallecido y que adquieren esta bella forma para regresar al mundo terrenal.

 

EN PRODUCCIÓN. Esta figura de barro, sin pintar, representa a una elotera. Foto: Daniel Ojeda.

 

Pero, para crear la magia que hace posible la Fiesta de las Ánimas se requieren componentes que van más allá del revivir con recuerdos a aquellos que ya no nos acompañan. Además de los rituales espirituales, es decir, creer de corazón que, al menos en estas fechas, los difuntos nos visitarán y asegurarnos de mantenerlos vivos en nuestra mente alejándolos del olvido imperdonable, que tanto nos tienta con el pasar del tiempo, es importante generar condiciones ambientales que faciliten a las almas a encontrar su hogar y no perderse en el camino.

 

TODO UN RITUAL. Este mezcal se madura en botella debajo de la tierra. El día de muertos se organiza una fiesta para desenterrarlo. Foto: Daniel Ojeda.

Cuatro son los elementos que las comunidades purépechas consideran imprescindibles en sus ofrendas de muertos.

 

El 31 de octubre empieza la Fiesta de Día de muertos en el estado. Foto: Daniel Ojeda.

 

 

En primer lugar, las flores de cempasúchil, presentes tanto en el arco que preside la entrada de cada casa, así como el caminito de pétalos que guía a las ánimas hasta su altar que, como todos los años, se instala para darles la bienvenida a aquellos que ya sólo nos acompañan en el corazón. El copal humeante que, con su penetrante aroma abre paso al altar; la luz, representada por las veladoras encendidas es vital para alumbrarlos y, por supuesto, agua, para refrescarlos tras el largo viaje al mundo de los vivos.

 

ENTRE CATRINAS

 

ORIGEN. El nombre es náhuatl y quiere decir lugar de pescadores. Foto: Daniel Ojeda.

Sin duda, Michoacán es uno de los estados que vive la noche de los fieles difuntos con más intensidad y autenticidad en México.

A pocos minutos de Morelia, capital del estado, y ciudad en la que se puede encontrar gran parte de la riqueza culinaria de la región, está Capula, el pueblo en donde nació la Catrina de barro.

 

8 millones de turistas recibe Michoacán al año. Foto: Daniel Ojeda.

Alfredo Martínez Mata, presidente del Patronato de Catrinas nos acompañó a lo largo de su calle central hasta llegar a la zona del mercado, en donde pudimos encontrar gran cantidad de talleres, ahí los artesanos venden sus figuras en un sinfín de tamaños, así como otros objetos de barro, decorados bajo la técnica ancestral conocida como punteado.

 

MEDIDA PERFECTA. Jarritos para tomar mezcal y tequila. Son elaborados de un barro que proviene de la zona lacustre de michoacán. Foto: Daniel Ojeda.

DE PASO POR SANTA FE

COLORIDO PASEO. Decoración de papel picado tradicional, que da la bienvenida a la feria nacional artesanal y cultural de la catrina, en Capula. La feria concluye el 2 de noviembre. Foto: Daniel Ojeda.

 

Seguimos nuestra ruta y paramos en Santa Fe de la Laguna, donde la cocinera tradicional María Inés Dimas no abrió las puertas de su hogar. Éste es el pueblito purépecha que inspiró a los realizadores de Coco y que, tras su estreno, puso en el mapa de numerosos turistas a esta pequeña comunidad.

 

MARÍA INÉS DIMAS. Cocinera de Santa Fe de la laguna. Foto: Daniel Ojeda.

María Inés viste siempre indumentaria tradicional, es una mujer culta y de profundas raíces religiosas; su casa, que también es el Hostal Echeri, que en su lengua significa tierra, nos dio refugio para hablar sobre cómo se vive Día de Muertos ahí, festividad, para ellos, muy alejada del carácter comercial de otros núcleos con más población.

Pozole batido, atole, pan expresamente elaborado para estas fechas y chocolate con agua son las preparaciones más importantes el 1 y 2 de noviembre.

 

SABOR CASERO. El pan de Tingüindín es típico de la región y puede durar hasta 20 días en buen estado. Foto: Daniel Ojeda.

 

DA VIDA A MORELIA

 

La noche comenzó a caer y el regreso a Morelia nos abrió el apetito; así llegamos al restaurante La Conspiración de 1809 y con su chef, Cynthia Martínez

 

CALABAZA DE CASTILLA. Es de gran tamaño, alcanza a medir hasta un metro de longitud. Foto: Daniel Ojeda.

Cynthia ha representado al estado dentro y fuera de nuestras fronteras, ha estado en El Vaticano, en España y en un montón de países; es una experta conocedora de la cocina Moreliana: Mi cocina es una opción de gastronomía de Michoacán, no es la cocina de las comunidades, ni de las cocineras tradicionales, más bien forma parte de la referencia gastronómica de Morelia; ate con queso, enchiladas morelianas, uchepos, corundas y carnitas. Estos serían ejemplos de los platillos que aquí se pueden degustar, aseguró.

 

CYNTHIA MARTÍNEZ. Es la encargada del restaurante la conspiración de 1809 en el centro de Morelia, capital del estado. Foto: Daniel Ojeda.

Además, su propuesta no se limita a este estado: Soy una combinación de Oaxaca y Michoacán; sus abuelos eran de estos estados, por lo que toda su vida visitó estas regiones.

 

MERCADO. Puesto tradicional del mercado de San Juan en Morelia. Foto: Daniel Ojeda.

Cynthia fue la encargada de organizar la cena de presentación de Coco, que ha supuesto un verdadero relanzamiento de la Fiesta de Ánimas. Así, el menú representó elementos con los que los mexicanos celebramos: papel picado, chichilo, mole ceremonial de Día de Muertos y conchas con calaveritas, engalanaron aquella ocasión.

 

DIVERSIDAD CULTURAL

 

Al viaje se incorporó Déborah López García, guía de turismo cultural y gran conocedora del estado, con ella nos dirigimos hacia San Jerónimo Purenchécuaro, donde ya nos esperaba Rosalba Morales Bartolo, quien también es cocinera tradicional.

 

HECHO A MANO. Rosalba Morales Bartolo. Cocinera tradicional de san jerónimo Purenchécuaro, municipio de Quiroga, Michoacán. Mientras hace nixtamal en el metate de su cocina, nos cuenta cómo ha incentivado a agricultores a cultivar las plantas aromáticas que posteriormente necesita para sus elaboraciones. Foto: Daniel Ojeda.

 

Una mesa con más de 200 platos de barro nos dio la bienvenida, prueba de la gran demanda de trabajo que esta cocinera recibe para organizar comidas, cada vez más de moda, pero que siguen siendo auténticas y fieles a los principios de sus comunidades. Para Rosalba, la Fiesta de Ánimas tiene otro significado: Yo no soy de la idea de ponerles comida, porque ésa se las ofrecí en vida. Cuando necesitaron agua se las di, cuando quisieron un caldo se los hice. Por lo tanto, lo que hay que ponerles es copal, luz, flores y, lo fundamental, creer que regresan de corazón. No soy de llevar al panteón diversas flores, a las almas sólo cempasúchil.

 

BARRO BLANCO. Catrina. Representa una floristera, hecha por alfareros de Capula, Michoacán. Foto: Daniel Ojeda.

 

Rosalba consume productos locales del lago de Pátzcuaro, los cuales, casi puede tocar con sus manos; incentiva a que sus vecinos cultiven verduras e ingredientes endémicos.

Ella es la imagen de la defensa que, con orgullo y valores de estacionalidad y sostenibilidad, se ha convertido en su arma para la defensa del medio ambiente.

 

ORGULLOSA MILPA. Cocinera tradicional. Rosalba Morales Bartolo. Foto: Daniel Ojeda.

Además, no dudó en mostrar su milpa y narrar cómo volvió de Estados Unidos sólo para apoyar a su comunidad y su desarrollo.

 

PUEBLO ALFARERO. En el mercado de Capula hay catrinas y vajillas hechas con la técnica de punteado. Foto: Daniel Ojeda.

Déborah nos dirigió a otro bello pueblo, Tzintzuntzan, comunidad en la que se construyó la catedral de Vasco de Quiroga hace más de 450 años y, en donde la cocina del templo franciscano de Santa Ana, nos recibió junto con Blanca Villagómez, otra cocinera que reforzó nuestra idea sobre por qué es perfecta una escapada a Michoacán en Día de Muertos.

 

MOLE MICHOACANO.Visita el mercado de comida para degustar los principales platillos tradicionales. Foto: Daniel Ojeda.

Blanca contó que no fue hasta que perdió a un ser querido, que decidió agarrar al toro por los cuernos y hacer realidad aquella propuesta que, en vida, le hizo: abrir un restaurante. Su plato ceremonial es el mole de pato, el cual caza en el lago de Pátzcuaro.

 

10 mil millones de pesos deja el turismo actualmente. Foto: Daniel Ojeda.

Así, tras recorrer parte del estado descubrimos que la tradición de Día de Muertos no se limita a los clásicos destinos como Pátzcuaro y Janitzio, sino que trasciende en diferentes formas, pero siempre bajo el mismo concepto, hacer de la vida una ofrenda perpetua.

Por Juanma Martínez Rodríguez


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