Fundación Herdez: Paraíso culinario en pleno Zócalo

La organización cuenta con uno de los acervos históricos más amplios y ricos sobre cocina mexicana. Su directora, Azucena Suárez De Miguel, relata su importancia

EL INICIO. Cuando Azucena llegó, hace 18 años, recibió una biblioteca con sólo mil ejemplares. Foto: NAYELI CRUZ
EL INICIO. Cuando Azucena llegó, hace 18 años, recibió una biblioteca con sólo mil ejemplares. Foto: NAYELI CRUZ

Con una arquitectura colonial, y casi perfecta armonía con la catedral metropolitana capitalina, la Fundación de Herdez, hoy nos recibe a Gastrolab, su directora, Azucena Suárez de Miguel, aportándonos más datos sobre su increíble labor de defensa y conservación de nuestro patrimonio gastronómico.

Al frente de este organismo desde el año 2000, habiendo celebrado hace algunos días, su 30 aniversario, la fundación expone actualmente su fondo reservado conformado por piezas valiosas como la Colección Tonacayotl: nuestro sustento, formado por libros que hablan sobre productos endémicos como el chile, frijol, maíz, jitomate, aguacate y cacao.

En sus orígenes, dicho organismo tuvo como principal objetivo apoyar a las instituciones con carencias alimentarias con un programa de donaciones mensuales, que existe hasta la fecha y que se ha ido profesionalizando con el tiempo y con la firma de un convenio con el Banco de Alimentos de México, que asegura la entrega y que ésta se haga de forma eficiente.

De la filantropía pasó a lo que hoy se denomina responsabilidad social, aunque en Herdez esto siempre ha estado presente, con sus apuestas por la vinculación con las comunidades a través de diversos proyectos.

En este sentido, Azucena comentó que la labor de la fundación fue muy importante durante los sismos de septiembre del año pasado: Entregamos más de 80 toneladas de alimentos, conformamos brigadas de voluntarios y nos vinculamos con instituciones, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Fundación Origen, Cruz Roja y con las Bizantinas en Morelos.

Además, la Fundación Herdez está muy vinculada con las instituciones del Centro Histórico, tales como su fideicomiso y la Universidad del Claustro de Sor Juana, con quienes fomenta el interés por conservar y promover este espacio que, desde 1987, es Patrimonio de la Humanidad.

Por otro lado, con el objetivo de convocar a estudiantes e investigadores y brindar vida a esta casa, la biblioteca de la fundación comenzó a funcionar en 1997 de la mano de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con la intención de crear un acervo en el que la gente pueda consultar y enriquecer sus investigaciones.

Hoy, su biblioteca cuenta con más de 5 mil 200 libros incluyendo su Fondo Reservado, además de un presupuesto para la compra de libros, además recibe donaciones y tiene volúmenes que ellos mismos han editado: Somos un referente para los estudiosos de la gastronomía mexicana, para los investigadores nacionales y extranjeros que vienen a consultar algunos libros que son únicos y que sólo están en nuestra biblioteca, aseguró Azucena.

En cuanto a su Fondo Reservado, la fundación se refiere a las colecciones que cuentan con documentos históricos, algunos editados por ellos como es el caso del Manual de cocina michoacana de Vicenta Torres, libro identificado en la categoría de cocina regional, publicado en 1896 y escrito por una mujer que convocó a otras para que enriquecieran su escrito, en el que se habla de fórmulas y formulillas y se agregan incluso temas de química: Contamos con la colaboración del gobierno de Michoacán, la Universidad Nicolaíta, así como con el apoyo de Cristina Barros y María Teresa Martínez Peñaloza.

Más detalles:

  • Tiempo: Los libros más antiguos de la fundación tuvieron que ser restaurados.
  • Visitas: El museo ha recibido a más de 10 mil personas.
  • Los programas: El área académica ofrece cursos y talleres.

 

Por Juanma Martínez

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